La transgresión de Klimt

Publicado en Arte el martes 16, mayo, 2017

¿Alguna vez realizaste algún trabajo que no era de tu entero agrado o que no encajara por completo con tu perfil? ¿Eres actor y has accedido a salir en alguna teleserie de bajo presupuesto? ¿O eres un artista de la fotografía y has tenido que tomar las fotos de alguna boda? ¿O eres filósofo de izquierda y has dado clases en alguna escuela que promueve los valores de la derecha? No te preocupes, muchos hemos estado en alguna situación similar. Admitámoslo, lo hicimos ya sea por ganar experiencia, dinero, o por demostrarle a nuestros papás que podíamos “salir adelante”. Desde luego, es de imaginarse que no hemos sido los únicos en esta circunstancia; muchos de los más grandes artistas, literatos e intelectuales también han estado en trabajos parecidos. Les presento sólo un caso.

Klimt

Gustav Klimt, como todos nosotros, necesitaba dinero para sobrevivir. Nació pobre y a la muerte de su padre y su hermano mayor tuvo que hacerse cargo del resto de su familia, de su musa artística Emilie Flöge, así como de docenas de amantes, las cuales eran tantas que a la muerte del artista, en 1918, aparecieron catorce hijos de distintas madres.

Ahora bien, el pintor austriaco, de manera similar a Freud, tuvo la intención de desvelar la vida de los instintos y de profundizar en la condición humana. No encontró otro vehículo mejor que las mujeres. Según él, un hombre feminiza su sensibilidad si sucumbe al abrazo del “eterno femenino”, y con ello entra en armonía con el mundo. Sus pinturas poseen un cierto carácter sensual y erótico. Deseaba explorar a la mujer en muchos sentidos, por eso también sus cuadros muestran mujeres delicadas, glaciales y hasta tiernas. En gran medida por su gusto de pintar mujeres desnudas o semidesnudas, Klimt fue tachado constantemente de inmoral, e incluso de pervertido.

En 1894 la Universidad de Viena le encomendó junto a Franz Matsch los frescos del Aula Magna de la universidad. Klimt se encargó de la Filosofía, la Medicina y la Jurisprudencia. Cuando los cuadros se expusieron primero en una galería, fueron objeto de fuertes y continuos ataques de la prensa, señalándolos hasta de pornográficos. El escándalo llevó a Klimt a retirar las pinturas y a renunciar al encargo. En el propio Consejo de Estado se presentó una interpelación sobre la compra de los cuadros del pintor austriaco y hasta se le denegó a éste la cátedra en la Academia de Bellas Artes que previamente le habían concedido. Se le devolvieron los cuadros y Klimt devolvió sus honorarios. Por estos hechos dijo:

No hay situación más dolorosa para un artista, y naturalmente entiendo este concepto en sentido muy estricto, que crear obras, y recibir dinero a cambio, para un cliente que no le apoya plenamente con la cabeza y el corazón. Eso no lo aguanto y hace ya mucho tiempo que busco la ocasión de librarme de una situación que considero absolutamente denigrante para los verdaderos artistas.

Y agregó cansado de la censura: “No buscaré otra ayuda que la mía propia. Quiero liberarme. Quiero dejar atrás todas estas molestas ridiculeces que retrasan mi trabajo y recuperar mi libertad. Rechazo toda ayuda del Estado, renuncio a todo.” (Entrevista con Berta Zuckerkandl-Szeps, 1905). A partir de este suceso, Klimt se deslindó de la opinión pública.

Gustav Klimt

Ahora bien, para sobrevivir sin ayuda del Estado tuvo que dedicarse en gran parte a hacer retratos por encargo, como casi cualquier pintor (desde Da Vinci hasta Warhol) lo ha hecho. Muchos de sus cuadros, como era de esperarse, fueron de mujeres, la mayoría vistiendo suntuosos ropajes de oropel y lentejuelas. Uno podría pensar: qué mal, cayó tan bajo como para servirle a la burguesía o vivir del bolsillo de los ricos; pero la cosa no es tan simple como parece. Mencionemos un ejemplo.

Cuando Margarete, hija de Karl Wittgenstein, millonario de la industria del acero, se casó en 1905, se le encargo a Klimt hacer el retrato de bodas. En tal obra, la mujer aparece con un vestido blanco nacarado y mira hacia un punto indeterminado, posee una cabellera negra recogida hacia atrás, muestra sus hombros y cruza sus manos en el regazo. A pesar de la belleza de la pintura, la obra no gustó a muchos debido a que mostraba a la retratada en una pose tímida, con cara de ingenuidad y mostrando cierta superficialidad.

Al respecto, Ignacio Ayestarán escribió de Klimt: “En sus obras, los modelos con frecuencia parecen querer salir de sus mantos y túnicas, esos vestidos que los ahogan en un mar de colores. Las manos y las caras de los modelos allí representados son alegorías de una vida social asfixiante, bajo cuyo manto o capa laten sentimientos, muchas veces eróticos, otros mortales y casi siempre angustiosos.” Podemos decir que Klimt pintaba el lujo “superfluo”, pero con ello intentaba denotar una atmósfera de hipocresía y vacío irrespirable, una crítica social a su época y a la gente que lo rodeó.

A pesar de las circunstancias, el pintor austriaco no cedió al servilismo o al clientelismo. Transgredía el trabajo que se le encomendaba y lo llevaba a otra dimensión, aunque siguiera pareciendo un “trabajo por encargo”. Por eso es que en gran se puede entender el que alguna vez Klimt dijera: “No existe ningún autorretrato mío. No me interesa mi propia persona como ‘motivo del cuadro’, sino más bien otras personas, sobre todo femeninas; aunque me interesan más otros fenómenos.” Desde luego que no, a él le interesaba hacer una crítica a la decadencia cultural, a la superficialidad de su tiempo, no mostrarse él como tal.

gustav klimt

A modo de conclusión

A Klimt le tocó la transición en su país del arte por encargo al arte como auténtica expresión creativa del autor. No obstante, pese a muchos problemas pudo crear una obra distintiva y original, tanto que su “pernicioso” y criticado arte logró salir airoso y trascender su época. Claro que no todos podemos independizarnos tan radicalmente como lo hizo Klimt y lograr el éxito. Muchos debemos estar ligados a empresas, escuelas, fábricas, talleres u oficinas que a veces no nos convencen del todo, a los que entramos por ganar dinero o porque simplemente debemos trabajar. La idea es, sin caer tampoco en el trágico Sísifo de Camus que cumple su eterna condena feliz, poder impregnar con nuestra creatividad y esencia lo que hacemos. ¿Eso significa transgredir, por llamarlo de algún modo, nuestro trabajo?, en cierto sentido sí, en el que nos haga sentir más cómodos con nuestra situación.

¿Esto quiere decir que para sentirnos a gusto el fotógrafo deba retratar a la novia alcoholizada el día de su boda, o que el actor dé entrevistas criticando el modelo de negocios de su televisora? Quizás no, pero me parece cierto que siempre podemos encontrar una vía para expresar nuestras inquietudes, o ideas por medio de nuestro trabajo, aunque tengamos que transgredirlo un poco; la manera depende ya de las circunstancias y del talento de cada quien. ¿Esto agradará a todos, incluyendo a nuestros jefes? No lo sé, pero pensemos en lo que Klimt escribió (tomado de Schiller) en uno de sus cuadros, Nudas Veritas (1899): “No puedes agradar a todos con tu hacer y tu obra de arte; haz justicia sólo a unos pocos; gustar a muchos es malo”.

Imágenes: Der Kuss por GustavKlimt (1907-1908), Fotografía de Gustav KlimtRetrato de MargareteStonborough-Wittgenstein por Gustav Klimt. (1905)