Colonias de la periferia de Morelia, en riesgo de contaminación por metales pesados

Publicado en Coordenadas el Martes 22, Marzo, 2016

Los vertederos de basura al aire libre de los 25 municipios que forman parte de la cuenca del Lago de Cuitzeo han disparado la contaminación de los mantos freáticos por metales pesados debido a la presencia de lixiviados, que van a parar directamente al lago, destacan investigaciones de la Universidad Michoacana.

En la cuenca de Cuitzeo habitan más de un millón de personas, en la zona de mayor desarrollo industrial del estado de Michoacán. A pesar de ello, la mayoría de los municipios que integran la cuenca requieren apoyo gubernamental por sus altos índices de pobreza y marginación, cuya economía está sustentada principalmente en la pesca y la agricultura en escala menor. No obstante, debido a los bajos recursos económicos, la generación de residuos rebasa la capacidad de los ayuntamientos para depositar de forma adecuada los residuos sólidos, destaca la investigación encabezada por la investigadora del Instituto de Investigaciones Metalúrgicas, Isabel Israde Alcantara.

Los investigadores han propuesto que se plantee una política intermunicipal para atender la problemática, toda vez que sólo en el 2008, se detectaron más de 150 vertederos clandestinos en las cercanías de tenencias y caminos rurales, lo cual está agravando el problema.

En el caso de Morelia, los investigadores han detectado vertidos industriales y hospitalarios. En el relleno sanitario de la capital se tiene detectada la emisión de gases, en ocasiones tóxicos, como metano y lixina generados en las 34 hectáreas del tiradero. El problema de contaminación del agua es tal grado que en la región de Morelia-Capula, en donde se concentran grandes conjuntos habitacionales como Villa Magna, La Hacienda, Del Bosque, La Maestranza, Villas de la Loma, Villas del Pedregal y Las Garzas (en donde se calcula una población cercana a las 200 mil personas), se ha detectado la presencia de metales altamente tóxicos, como Manganeso, Hierro, Arsénico, Cobre, Cadmio y Plomo.

En una serie de investigaciones que en los últimos 10 años han realizado los académicos del Instituto de Investigaciones Metalúrgicas, en la Cuenca de Cuitzeo, que forma parte de la macro-cuenca del Lerma, en donde se ha agravado el problema de lixiviados por los tiraderos de basura al aire libre se está convirtiendo en un grave caso para la salud humana y la afectación ambiental.

Israde Alcantara destacó que la falta de un tratamiento adecuado a los desecho de todo tipo por la mayor parte de los municipios que forman parte de la cuenca del Lago de Cuitzeo, que se vierten al aire libre y no se les brinda una disposición final, ha disparado la contaminación de los mantos freáticos por metales pesados.

El documento de la investigación referier: “El problema se ha detectado hace años, se han realizado investigaciones, se han publicado sus resultados y las autoridades no han hecho nada al respecto, y cada año que pasa la situación se agrava”.

“La problemática social y política de la cuenca representa otra limitante para minimizar el impacto ambiental y a la salud pública de los tiraderos, ya que no existen cuadros técnicos capacitados en su gestión en la mayoría de los 21 municipios que integran la cuenca”, destaca la investigación.

La investigación señala que la generación de residuos sólidos en todos los municipios que conforman la Cuenca es muy similar y se conforma por plásticos y empaques; en la mayoría de los tiraderos, se observó la mezcla de residuos domésticos con los  clínicos, además del escurrimiento de lixiviados hacia cuerpos de agua superficiales y subterráneas, como son los casos de los tiraderos de Zinapécuaro y Morelia.

En el caso de Morelia se detectaron vertidos industriales y hospitalarios. En el relleno sanitario de la capital se tiene detectada la emisión de gases, en ocasiones tóxicos, como metano y lixina generados en las 34 hectáreas del tiradero de Morelia. Dicho tiradero funcionó en el mismo punto desde 1984 hasta el 2007, y sus residuos están en proceso de compactación. Durante la incineración de residuos, se producen además malos olores y dispersión de partículas a través de la acción del viento.

“La capital del estado genera a diario cerca de 800 toneladas, conformando un volumen aproximado de dos millones 400,000 m3 de residuos. Esa área concentra cerca del 85% de los residuos sólidos de la cuenca, e integra un 72% de las fuentes residenciales, el 83% de actividades industriales, 82% del ramo comercial, el 90% corresponde a fuentes especiales, institucionales y de servicios, y alrededor del 74% proviene de actividades de construcción”, detalla el trabajo de investigación.

En Morelia, la problemática generada por la falta de cumplimiento en el basurero municipal de Morelia desde hace más de 20 años de la Norma Oficial Mexicana NOM-127-SSA1-1994 (salud ambiental, agua para uso y consumo humano límites permisibles de calidad y tratamientos a que debe someterse el agua para su potabilizacion), ha desencadenado graves niveles de contaminación de los mantos freáticos y manantiales por efecto de los lixiviados generados por los residuos que se desechan en esta parte de la ciudad.

El problema es de tal magnitud que investigadores del Instituto de Investigaciones Metalúrgicas de la Universidad Michoacana han detectado desde hace 10 años la presencia de metales pesados, altamente contaminantes y tóxicos en diferentes zonas que comprenden la región de Morelia-Capula, que incluso superan hasta en un 300% las recomendaciones que hace la Norma Oficial, por ejemplo: Cerrito Itzícuaro alta presencia de Manganeso, Tarehuicho alta presencia de Hierro, Balneario Cointzio presencia de cobre en alto grado, en Asiento de Piedra altos niveles de Zinc, en Cointzio presencia de Arsénico y en San Bernabé niveles altos de Cadmio.

La investigación sobre la contaminación en el acuifero de la región se efectuó en la tesis el académico Luis Alberto Verduzco Cedeño, para obtener el grado de maestría en Geociencias, y está datada en el 2010, y fue dirigida por la doctora Isabel Israde Alcantara.

A pesar de que el problema de contaminación  de los mantos freáticos por lixiviados de metales pesados no es algo nuevo o un problema que se haya descubierto recientemente, el asunto radica en que las autoridades municipales tienen conocimiento del grado de contaminación, la cual ha sido señalada por los investigadores universitarios en reiteradas ocasiones, no obstante ello, no se han implementado acciones u programas para atender la problemática. “Es una condición lamentablemente generalizada que en nuestro país, se presenten serios atrasos en las técnicas de disposición de los residuos sólidos; el no acato a la normatividad y reglamentación, además de un considerable retraso en tecnología para la construcción, manejo y final disposición de los desechos de lixiviados generados en los rellenos sanitarios y tiraderos; debido en gran medida a la falta de cultura preventiva y mínima inversión de recursos en la materia”, destaca la investigación.

Región Capula, foco rojo

En la región de Morelia-Capula, en donde se concentran grandes conjuntos habitacionales como Villa Magna, La Hacienda, Del Bosque, La Maestranza, Villas de la Loma, Villas del Pedregal y Las Garzas (en donde se calcula una población cercana a las 200 mil personas), es una de las regiones de recarga de agua más importantes de la ciudad. En la región existen más de 20 pozos producen alrededor de tres mil 147.7 litros por segundo, lo que se traduce en una producción  del 44.7% del total de la ciudad. La tesis de Luis Alberto Verduzco Cedeño da cuenta que en su investigación al menos la mitad de las fuentes de agua evaluadas tiene concentraciones de metales pesados.

“En la actualidad, la mayoría de los rellenos sanitarios disponen de lixiviados mediante lagunas de evaporación que son rebasadas en su capacidad en época de lluvias (como es el caso del tiradero de Morelia), donde se necesita un tratamiento posterior para lograr la recirculación de los lixiviados a las celdas del relleno”, destaca Verduzco Cedeño.

Sin embargo, el investigador lamentó que en Michoacán no se cuente con un proceso de estabilización para evitar la contaminación de los mantos freáticos y acuíferos. “Es preocupante que en Michoacán se carezca de planes y programas que busquen mejorar la gestión disminuyendo con el ello el impacto ambienta. La falta de mecanismos que rijan el manejo y disposición de los residuos, lo cual repercute directamente en una disminución de la calidad de vida de los habitantes”.

La investigación detalla la presencia de metales pesados en las fuentes y manantiales de la región: en las poblaciones y colonias de Villa Magna, La Hacienda, Del Bosque, Villas del Pedregal, Villas de la Loma, Arkos San Juan, San José Itzícuaro, San Isidro Itzícuaro, La Concepción, San Juanito Itzícuaro, Manantial Itzícuaro, Manantial El Parián, Cuto de la Esperanza, Capula, Buenavista, Iratzio, Cuanajillo, San Bernabé, Tacícuaro, Cerrito Itzícuaro y La Mintzita, se tienen altas concentraciones de Manganeso, Hierro, Arsénico, Cobre, Cadmio y Plomo. En el caso del Cadmio, la NOM-127-SSA1-1994 recomienda una presencia de 0.0005 miligramos por litro, y en algunas comunidades alcanza el 0.555 miligramos por litro, que es altamente tóxico.

En menor grado, también se tiene registrada la presencia de otros metales como Titanio, Vanadio, Cobalto, Niquel, Estroncio y Estaño.

En esta región de la ciudad, sus habitantes poseen poco o nulo conocimiento del grado de contaminación de sus acuíferos, y en muchos casos se quejan incluso por la contaminación del afluente de arroyos por aguas negras, como es el caso de Tacícuaro, o la falta de agua potable, como es el caso de los vecinos de Las Garzas o de La Hacienda, en donde los pozos están a punto de agotarse.

Las zonas más críticas son: Cerrito Itzícuaro (Maganeso con 186.30 mh/L, cuando la norma oficial marca 0.15); Tarehuicho (Hierro 527.00 mg/L, lo permisible es 0.30); Balneario Cointzio (Cobre con 321.20 mg/L, la NOM indica 2.00); Asiento de Piedra (Zinc 13.80 mg/L y lo permisible es 5.00); Cointzio (Arsénico al 5.85 mh/L, y debe de ser de 0.05) y San Bernabé (Cadmio 0.555 miligramos por litro y la Norma indica que sea de 0.0005 miligramos por litro).

Problemática sin planeación

“La cuenca de Cuitzeo cubre un área de 4,000 km2 y es ocupada por más de un millón 100 mil habitantes  que viven en una depresión de origen tectónico que ha sido rellenada por depósitos volcano sedimentarios. Los sitios de vertido de basura han operado sin un diseño de ingeniería que permita el control de lixiviados y de biogases generados por las actividades urbanas, agrícolas e industriales; estas últimas incluyen residuos peligrosos asociados con industrias de pequeña escala establecidas en la cuenca de Cuitzeo. El tiradero más grande, localizado al este de la ciudad de Morelia, funciona desde 1985 y produce más de 700 toneladas por día de residuos que se integran a un total de 562,000 toneladas en la cuenca. Los resultados indican que la mayoría de los sitios de confinamiento carecen de un substrato impermeable siendo también la porosidad del substrato relativamente alta, ya que consiste en flujos de lava muy fracturados, depósitos de caída no consolidados, diatomitas y depósitos fluviales. Todas estas litologías son vías de migración de aguas contaminadas hacia la cuenca”.

Riesgos Tóxicos

De los 106 elementos conocidos por el hombre, 84 son metales, por lo que no es de extrañar que las posibilidades de contaminación metálica en el ambiente sean numerosas. Hay que tener presente que los metales son materias naturales que han desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de las civilizaciones. El problema surge cuando prolifera su uso industrial. Y su empleo creciente en la vida cotidiana termina por afectar a la salud. De hecho, el crecimiento demográfico en zonas urbanas y la rápida industrialización han provocado serios problemas de contaminación y deterioro del ambiente, sobre todo, en los países en vías de desarrollo.

Entre los metales más contaminantes destacan el plomo y el mercurio, seguidos por el berilio, el bario, el cadmio, el cobre, el manganeso, el níquel, el estaño, el vanadio y el cinc. La actividad industrial y minera arroja al ambiente metales tóxicos como plomo, mercurio, cadmio, arsénico y cromo, muy dañinos para la salud humana y para la mayoría de formas de vida. Además, los metales originados en las fuentes de emisión generadas por el hombre, incluyendo la combustión de nafta con plomo, se encuentran en la atmósfera como material suspendido que respiramos. Por otro lado, las aguas residuales no tratadas, provenientes de minas y fábricas, llegan a los ríos, mientras los desechos contaminan las aguas subterráneas. Cuando se abandonan metales tóxicos en el ambiente, contaminan el suelo y se acumulan en las plantas y los tejidos orgánicos.

La peligrosidad de los metales pesados es mayor al no ser química ni biológicamente degradables. Una vez emitidos, pueden permanecer en el ambiente durante cientos de años. Además, su concentración en los seres vivos aumenta a medida que son ingeridos por otros, por lo que la ingesta de plantas o animales contaminados puede provocar síntomas de intoxicación. De hecho, la toxicidad de estos metales ha quedado documentada a lo largo de la historia: los médicos griegos y romanos ya diagnosticaban síntomas de envenenamientos agudos por plomo mucho antes de que la toxicología se convirtiera en ciencia.

A pesar de las abundantes pruebas de estos efectos nocivos para la salud, la exposición a los metales pesados continúa y puede incrementarse por la falta de una política consensuada y concreta. El mercurio todavía se utiliza profusamente en las minas de oro de América Latina. El arsénico, junto con los compuestos de cobre y cromo, es un ingrediente muy común en los conservantes de la madera. El aumento del uso del carbón incrementará la exposición a los metales porque las cenizas contienen muchos metales tóxicos que pueden ser aspiradas hasta el interior de los pulmones.