Borges y Pinochet, el lado oscuro del eterno aspirante al Nobel

Publicado en Cultura el jueves 13, octubre, 2016

Jorge Luis Borges es un escritor que siempre nos ha resultado atractivo. Sin duda porque sus obras, en especial sus cuentos, nos han fascinado. En nuestra inocencia, y a pesar saber de qué las obras de un autor son (en la mayor parte de los casos) entes autónomos que no reflejan partes importantes del alma de que las piensa, nos ha sorprendido descubrir las ideas y ¿principios? que revoloteaban por una parte del cerebro de Borges que más se parecía a un estercolero que a la mente de una persona culta y formada. Demostrándose, una vez más que tener conocimientos y capacidades no hace de las personas ni mejores ni más humanas.

 

Todo esto lo hemos descubierto gracias a un artículo titulado “El Borges incómodo” escrito por Blas Brítez y publicado por el diario paraguayo Última Hora. El autor, con motivo de la conmemoración del treinta aniversario del fallecimiento del literato argentino, recupera algunos fragmentos de las entrevistas que el periodista, también argentino, Rodolfo Braceli le realizó y que están recogidas en su libro En Escritores descalzos.

 

En el texto del artículo paraguayo nos encontramos con algunos retazos de estas entrevistas que nos descubren un Borges racista, ignorante de lo que habla, y profundamente clasista. Muy cercano a lo que se podría esperar de un miembro del KKK (de la clase alta) en los años ’50 y ’60 del pasado siglo, o a la mentalidad racista y clasista de Antonio Cánovas del Castillo. Las citas a los que nos referimos son las siguientes:

 

“Por supuesto que resultan insoportables los negros… no me desdigo de lo que tantas veces afirmé: los norteamericanos cometieron un grave error al educarlos; como esclavos eran como chicos, eran más felices y menos molestos”.

“Los gauchos argentinos fueron unos brutos… no sabían ni leer ni escribir, y menos para quién luchaban. Si todavía los recordamos es porque los escribieron gentes cultas, que nada tenían de gauchos”.

“¿Vasco? Yo no entiendo cómo alguien puede sentirse orgulloso de ser vasco… Los vascos me parecen más inservibles que los negros y fíjese que los negros no han servido para otra cosa que para ser esclavos”.

“(…) la gente rica sufre mucho y es muy desdichada. Los pobres sufren mucho menos que los ricos”.

Tenemos que reconocer que estas afirmaciones nos han producido un enorme desasosiego. Porque parecen incompatibles con las obras que escribía. Un ejemplo más de nuestra inocencia, porque no es la primera vez que nos encontramos con esta incoherencia entre el autor y su obra. Parece lógico que personas con esa capacidad creativa deben ser arietes en la lucha por crear sociedades más libres, justas y democráticas. Pues no. De eso nada.

 

Así que hemos investigado un poco más y nos hemos encontrado con “Cinco razones para aborrecer a Borges“, un magnífico artículo de Carmen Jiménez recogido en su blog “El mono Lector“. En el nos ofrece alguna pista más sobre la forma de ser y de pensar de Borges. Nos completa su retrato psicológico con alguna “cualidad” más:

 

  • Defensor del asesinato político
  • Cobarde
  • Admirador de Pinochet

Vamos, que el “pack ideológico” de Jorge Luis Borges debería ser guardado en una zona sellada para evitar que contamine a nadie.

 

Pero, como es lógico, a nosotros nos interesa de una forma especial la opinión del escritor sobre los vascos y hemos tenido la suerte de encontrarnos con una entrada en el blog de la Libreria Katakrak, de Iruña, que hace unos meses recogía esas “reflexiones” sobre los vascos. Unos pensamientos que sólo demuestran la extraordinaria mezcla de ignorancia y de clasismo que formaba parte de la retorcida y compleja alma de Borges.

 

Recogemos de la web de la Libreria Katakrak  el texto completo de la entrevista de Rodolfo Braceli (R.B.) en que se refiere a los vascos, porque no tiene desperdicio:

 

—No, soy argentino, y aunque por mi apellido parezca descendiente de italianos desciendo de españoles. Mi padre nació en Valencia, en Alicante. Por rama materna vengo de vascos, mi madre se apellida Zarategui.

—¿Vasco? Yo no entiendo cómo alguien puede sentirse orgulloso de ser vasco… Los vascos me parecen más inservibles que los negros, y fíjese que los negros no han servido para otra cosa que para ser esclavos… Se habla de la voluntad vasca, de la terquedad vasca… ¿y para qué les ha servido? Nada más que para ser españoles o franceses. Han producido unos pintores execrables y un escritor insoportable como Unamuno. Lo demás que han producido son buenos pelotaris… Mire, yo tengo sangre vasca también; varios apellidos me delatan ese origen. Sin embargo, pienso que los vascos no han hecho nada, nada; son sólo notables por ser uno de los países más estériles del mundo.

—(R.B) Qué voy a hacerle, Borges, me gusta decir que vengo de vascos.

—Realmente, no me explico por qué la gente siente tanto orgullo por ser vasco… Ya le dije, yo también tengo esa sangre, pero cuando enumero mis orígenes soy muy cuidadoso en olvidarme de los vascos… Ahora, Valencia es otra cosa… Mire, recuerdo algo que anoté en uno de mis cuentos: los vascos no han hecho otra cosa en la historia que ordeñar vacas, se han pasado los siglos ordeñando.

—(R.B) ¿Cuánto hace que no lee, o no le leen, a un escritor vasco?

—El último fue el insoportable Unamuno; ese hombre absurdamente aspiraba a seguir viviendo, perseguía la inmortalidad.

—(R.B) Entonces, no sé, discúlpeme, pero me parece que está hablando sin muchos fundamentos.

—Caramba, otra vez usted me quiere pelear… ¿Seguro que aparte de periodista no es abogado?

 

Leyendo todo esto podríamos llegar a pensar que con Jorge Luis Borges se demostró el teorema del mono infinito plateado por Émile Borel, en 1913, en su libro “Mécanique Statistique et Irréversibilité.”, que afirma que “un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional de Francia“.

 

Evidentemente Borges no era un mono.  Pero con él podemos comprobar, una vez más, que la grandeza de la obra no tiene porque ir acompañada de la grandeza del creador de la misma. Que puede ser, como el caso de Borges, una persona con una mentalidad “pequeña” y más bien “miserable”.

 

Borges 1

 

Anticomunista y homófobo

 

Tras una década de investigación y pasión borgiana, Edwin Williamson, hispanista en Oxford, publicó «Borges. Una vida» (Seix Barral), con este revelador bestiario:

Despertar a Norah Lange

«Adolfo Bioy Casares me dio la pista para el descubrimiento más importante de mi libro: el amor que tuvo Borges por una poetisa argentina de familia noruega: Norah Lange. Lucía una melena pelirroja que llamaba la atención en Buenos Aires, y se lanzó a la poesía bajo la tutela de Borges. Fue su mentor aunque eran medio primos. La tía de Norah Lange estaba casada con un tío de Borges y se llamaban primos. Norah entró en el círculo de ultraístas que él lideró en Buenos Aires al volver de Europa, en la calle Tronador. Pero acabó muy mal esta historia porque Norah se enamoró de un poeta, Oliverio Girondo, el rival más odiado por Borges en Argentina. Se intentó suicidar dos veces».

 

El trauma del prostíbulo

 

«Borges padeció muchos fracasos sentimentales. Con 19 años, en Ginebra, tuvo una primera novia, Emily, una chica de clase baja. Unos meses después el padre de Borges le mandó a un prostíbulo para que se iniciara sexualmente. El conflicto entre estar enamorado por primera vez y obedecer a su progenitor fue traumático».

 

El rechazo de la musa

 

«Perder una mujer en manos del rival Girondo fue durísimo para Borges, que no era feliz. El rechazo de Norah explica el vuelco que dan sus ideas literarias a finales de los años veinte, y que muchos críticos no se explican. El Borges joven era un poeta muy apasionado, intenso, emotivo; pensaba que la literatura era cuestión de expresar los sentimientos y eso cambia una vez que lo rechaza Norah Lange para comenzar a escribir ficciones muy frías».

 

De comunista a videlista

 

«A Borges le encasillaron como reaccionario o como políticamente ingenuo, pero realmente fue muy consciente de la política. En su juventud fue comunista, y después apoyó activamente el Partido Radical, y hasta formó un comité de jóvenes intelectuales para respaldar la campaña para la reelección de Hipólito Irigoyen como presidente de la República Argentina en 1928. Dos años más tarde fue uno de los intelectuales más destacados en la lucha antinazi y antifascista en su país. El cambio viene con Perón: Borges entonces se convierte en su gran opositor porque veía a Perón como alguien no sólo que no era demócrata sino que había salido de un contexto nacionalista-fascista. Antiperonista convicto y confeso pues, cuando volvió a la Argentina en los años 70 observó que el espíritu de Perón aún no había caído, y empezó a decir cosas contra la democracia. En 1976, con Isabelita Perón como presidenta de la República, Borges permanecía en su antiperonismo, y vio el golpe de Estado de Videla como una nueva revolución libertadora para el derrocamiento de Perón. Por eso apoyó con entusiasmo el golpe del general».

 

Borges 2

 

Elogio a Franco y ataque a Lorca

 

«Durante sus estancias en España Borges pregonó a los cuatro vientos su apoyo a los regímenes militares de Iberoamérica, descartando la democracia como una «superstición». De la Guerra Civil española declaró: «Yo estaba del lado republicano, pero luego me di cuenta, en la paz, de que Franco era merecedor de elogios». Y lanzó una diatriba contra Federico García Lorca: «Lo vi una vez en mi vida, pero nunca me interesó él ni su poesía y me parece un poeta menor, pintoresco, una especie de andaluz profesional».

 

Del pinochetismo a Suiza

 

«Borges también respaldó a Pinochet, a quien veía como alguien que había salvado del comunismo a Chile, donde aceptó la Gran Cruz de la Orden del Mérito. Pero esas ideas duraron en Borges dos años, y en 1979 empieza a distanciarse de Pinochet y Videla. Tras las denuncias por las terribles desa-pariciones comenzó a retrotraerse. Con la guerra de las Malvinas se sintió muy dolorido y apenado. Es ya pacifista y anarquista. Deja Argentina por razones personales y políticas para morir en 1986 en Suiza, su páramo democrático».