¿Crees que tu vida llegó al final de sus días? Antes lee a Ciorán

Publicado en Cultura el martes 12, abril, 2016

“Vivir con la idea del suicidio es estimulante”, fue la frase lacónica con la cual se redondeó la excelente entrevista que el pensador rumano-francés le brindó a la escritora Josefina Casado y que fue publicada en el Diario el País, el 28 de noviembre de 1987. Por entonces, le quedaban 8 años de vida.

Transgresor por definición e iconoclasta, Cioran siempre fue ajeno y alejado de cualquier escuela o corriente filosófica, aunque Nietzsche, Shopenhauer y Mainländer planean sobre el origen de sus planteamientos, nadie se atreve hoy a rebatir que estamos ante uno de los pensadores más insólitos y provocadores de la segunda mitad del siglo pasado.

Fue, paradójicamente, un filósofo de la vida que casi vivió 10 años, pero que dejó frases y sentencias que hacen que este hijo de un prelado de la iglesia ortodoxa y de una madre que le confesaría: “Si hubiera sabido que ibas a ser tan infeliz habría abortado”, a lo que él contestó: “Sólo soy un accidente. ¿Por qué debo tomarme en serio?”.

A continuación, dejamos el texto íntegro de la entrevista que le hizo Josefina Casado:

Originario de Rumanía (Rasinari, 1911), Cioran lleva medio siglo encarnizándose contra la historia-Dios-el hombre. Ironía del destino, este adicto al fracaso se ha convertido en fenómeno de actualidad. Ese maldito yo -que recoge sus pensamientos más recientes y que Tusquets acaba de publicar- ha sido un éxito de ventas en Francia. Ese estrellato intempestivo le ha sumido en la postración Dice que se ha “cansado de reírse de Dios y del mundo”. ¿Habremos perdido “uno de los últimos panegiristas de la agonía de Europa (dixit Susan Sontag)?

Estamos demasiado acostumbrados a los filósofos trascendentes que dirimen sus especulaciones con la apoyatura de una fundamentación sistémica. Medran en los manuales escolares y en el tuétano del dogmático de turno. Cioran está fuera de todo eso. Se sabe fracasado en todo cuanto quiso ser: un filósofo místico. Se quedó en aforista sin fe. Insiste en que no hay nada que justifique nuestra decisión de existir. De esa certeza irreductible ha extraído una pasión bestial por la negación. Leyó en su juventud a innumerables filósofos alemanes. Terminó con el “sólo sé que no se nada”. Marcado por Job, Schopenhauer y Nietzsche, además de Chestov, ha impuesto el temperamento por encima de la razón.A un periodista italiano que le instaba a revélar cuáles eran sus medios de subsistencia le contestaría: “Ejerzo de chulo”. Se le ha acusado de ser reaccionario en términos políticos, “resignado”, diría Vulcanescu. Otros le han imputado un ramalazo aristocratoide. El famoso fotógrafo Ríchard Avedon le encontraría incluso rasgos de neurópata.

Pregunta. Siendo un temperamental y un vitalista, ¿cómo ha podido pasarse la vida buscando razones para morir?

Respuesta. He aceptado de entrada el principio de la contradicción. Nunca he intentado ser consecuente conmigo mismo. No estribo para quitarme de encima lo que podría llamar “mis obsesiones”; lo hago para atenuarlas. Son impresiones que he ido transformando en problema. Son reacciones personales a las que he incorporado un halo metafísico. Para mí lo importante ha sido siempre la sensación. Una idea que no sea una sensación es una idea sin vida. Por eso renuncié muy pronto a los filósofos y me acerqué a los escritores. Concretarnente a Dostoievski.

  1. En el origen de todo estuvo el desengaño. ¿Esa sensación no contribuyó a amputar sus impulsos? ¿No le impidió construirse una identidad compacta en base a la interacción con los estímulos externos?

  1. Con 20 años había perdido todas mis ilusiones, y mi destino estaba sellado. Después leí únicamente para reafirmarme en mi visión de las cosas. Por mucho que hubiera leído a pensadores con una concepción de la vida opuesta a la mía no me hubieran influido. Nunca estuve tan cerca de¡ suicidio como a esos 20 años. Si en ese momento alguien me hubiera dicho que sobrepasaría los 30 le hubiera dado una bofetada.

  1. En el fondo lo que ha hecho ha sido dilatar su suicidio. ¿Acaso no ha dicho que un libro era un suicidio en diferido?

  1. Tiene razón. Cuando uno tiene la visión del suicidio, la conserva para siempre. Vivir con esa idea es una cosa muy interesante. Incluso diría que estimulante. Mire, hará unos siete años me encontré con un señor que quería suicidarse. Estuvimos dando vueltas y vueltas, horas y horas. Le estuve diciendo que mejor valía que atrasara su suicidio, que en el fondo ésa era una idea muy vital que había que aprovecharla.

Hastío

  1. Ese sentimiento trágico de la existencia se agudizó en ese único de su vida en que trabajó. ¿Cuáles fueron sus fundamentos?

  1. Una de las experiencias fundamentales de mi vida ha sido el hastío. Siendo niño comprobé esa sensación de vacío. No tendría más de cinco años. Tuve que esperar a los 20 años para hundirme por completo. Fue un período muy dramático.

Empezó con crisis de insomnio que se prolongaron durante años. Y eso fue curiosamente lo que me abrió los ojos. Fíjese, esta noche he soñado con eso. Yo era estudiante en Rumanía. Eran las dos de la tarde, acababa de volver a casa, mi madre estaba sola. Recuerdo que me eché en el sofá, estaba hecho polvo, no podía más. Fue cuando mi madre me dijo: “Si lo hubiera sabido, habría abortado”. Esa frase me impresionó muchísimo. A partir de ese momento seguí una vía individual.

  1. Fracasaría como profesor.

  1. Sí. Fue un fracaso total. No estaba hecho para eso. Los alumnos no sabían a qué atenerse conmigo. Decían que estaba loco. Era lógico, llegaba con unas ojeras de espanto, me reía de todo, daba una sensación de arbitrario. Cuando me marché de ese instituto, el director se desahogó emborrachándose.

Nunca he podido ejercer una profesión. Como fui consciente de ese fenómeno, muy pronto me las arreglé para construirme una vida sin base social. Hubiera deseado ser estudiante toda mi vida. Lo conseguí hasta los 40 años. Un día me convocaron y me dijeron que la edad límite era 27. Pero eso no fue lo peor. He vivido unos 25 años en el hotel Cuando se acabó lo de pagar al mes, todo mi sistema se derrumbó. Fue terrible para mí. Toda mi vida he huido de las responsabilidades. He sido un irresponsable en todo. Nunca he tenido visión de futuro.

Idea de Dios

  1. ¿La proyección constructiva hacía el futuro es una tara del cristianismo? ¿La estima otra superchería al igual que la ficción de Dios?

  1. Toda mi vida he estado dándole vueltas a eso. Cuando todo deja de existir, cuando estás solo en plena noche, ¿con quién se puede hablar? Creo que la soledad absoluta exige la idea de un dios. Eso no tiene nada que ver con la fe. Para mí, Dios es la única forma de diálogo posible en medio de la noche. Es un diálogo con uno mismo que no aspira a resolver nada. Es el interlocutor inexistente. Es la experiencia límite.P. Y Buda, ¿cuál es su estatuto?R. El budismo no pide la capitulación de¡ intelecto. Se apoya en el conocimiento y la intuición. En el budismo, si ha entendido que el dolor es el centro de todo, entonces lo ha entendido todo. Es la única religión que aceptaría si tuviera que aceptar alguna. El cristianismo está gastado. Todavía defiende una idea de porvenir. Curiosamente, por primera vez se siente que la gente ya no cree en el porvenir.

  1. En Ese maldito yo no encuentro su fuerza habitual. Es como si el idioma se hubiera cansado; el tono, apagado.

  1. Es usted la primera persona que me hace esa observación. Un conocido mío también lo había intuido, usted ha sabido formularlo. Es una observación muy importante. Ese maldito yo es el libro de una capitulación metafísica. Hasta ahora estaba convencido de lo que escribía. Incluso escribía para convencerme más aún. Ya no necesito fundamentar todo eso. Tengo la sensación de haberme convertido en mi propio discípulo. Además he comenzado a sentir sensaciones fisiológicas de cansancio. Será la vejez, imagino. Cuando acabé ese libro, dije: Se acabó. No volveré a escribir. No merece la pena. Seguir… ¿para qué? He escrito 15 libros. Es demasiado tarde. Es probable que el éxito de ese ensayo haya precipitado mi reacción. Lo he vivido como una humillación.

  1. En sus otros-aforismos estaba el yo atareado en desescombrar inquietudes intrínsecas: la historia, el tiempo, el hastío. El enfrentamiento entre el paganismo y el cristianismo, la mística, el silencio. En este último se aprecia una secularización de los temas. Ya no tenemos a Tácito ni a la “carroña que nos turba o nos alarma”, pero sí un dentista, la portera, etcétera.

  1. En cuanto se mezcla lo cotidiano con la metafísica tenemos la irrisión.

  1. Otra herejía.

  1. Otro sabotaje. Hay una disproporción entre el acontecimiento del que hablo y los grandes problemas. Cualquier cosa arroja luz sobre lo que es esencial.

  1. ¿Y las mujeres? Apenas les dedica unas líneas.

  1. Es un tema muy delicado. He dicho que la mujer era más inteligente que el hombre.

  1. Eso es puro tópico.

  1. Lo es. He debido escribir poco sobre las mujeres a raíz de un prejuicio antifrancés. Aquí no se habla de otra cosa.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de noviembre de 1987 en el Diario El País