Hitler vende

Publicado en Cultura el Jueves 25, Febrero, 2016

Hace ya 71 años Adolf Hitler se volaba la tapa de los sesos y detrás de sí dejaba un reguero brutal de 50 millones de fallecidos en una hecatombe dantesca. Por decisiones directas o indirectas del Fürer Nazi, se fueron a la tumba 23 millones de civiles rusos, 17 millones de judíos, 8 millones de polacos y 1.5 millones de disidentes políticos, así como 500 mil gitanos, 300 mil discapacitados y hasta 2 mil testigos de Jehová murieron por las tropas nazis.

Sin embargo, el optó por no caer en las manos de Stalin y evitar que su cadáver fuera exhibido como trofeo, como pasó con Mussolini, por ello se casó la noche del 30 de abril en el bunker de la Cancillería con una trastornada Eva Braun, y posterior a la frugal cena de bodas, se despidieron de sus colaboradores más cercanos, ingresar a su habitación, ingerir cianuro y dispararse con su  pistola Walther PPK de 7,65 mm. Moría el mayor criminal de la humanidad y nacía la leyenda más lúgubre de la historia.

Hitler no dejó herencia, en el testamento que le dictó a su secretaria personal, Traudl Junge, recurre a un último esfuerzo para limpiar su imagen y justificar sus atrocidades; no se arrepiente de nada, expulsa y califica de judas tanto a Goering y Himler.

Alcanza a reconocer que sus pocas propiedades “pertenece en su debido grado al Partido. Si este ya no existe, al Estado; si el Estado también es destruido, no hace falta una última decisión mía”.

Entre esas últimas propiedades destacan algunas pinturas, entre ellas obras de Vermeer, fue donado a las colecciones del estado alemán, pero en su testamento político jamás habla de las regalías de su libro, Mein Kampf, cuyas ventas lo hicieron un hombre rico antes de ser designado canciller.

Esta última pieza, es la que ha mantenido viva en el morbo social la imagen y figura ominosa de un dictador sanguinario, cuyas tétricas elucubraciones para apoderarse del mundo (sí, muy al estilo de los ratoncitos de Pinky y Cerebro) causan la fascinación de miles de personas, e inflaman las mentes que se resisten a resignarse a un destino mediocre y convencional.

Hay mucho de narcisismo y un cierto romanticismo fúnebre entre los millones de personas que idolatran soterradamente al dictador alemán. Paradójicamente, para desgracia del purismo racial nazi, en la actualidad, Hitler tiene seguidores que bien podrían haber terminado sin mayor esfuerzo en algún campo de exterminio: afroamericanos, árabes, hindúes, indígenas, mestizos, latinos, asiáticos y un largo e incomprensible etcétera. Al menos, la sangrienta utopía aria fue derrotada en este aspecto.

Hitler vende. Es increíble, pero cierto. En estas épocas en donde lo trivial, lo superficial y lo frívolo es lo más prioritario, la figura, la imagen y el nombre del dictador nazi es utilizado en las más absurdas e irracionales campañas publicitarias: Hitler es una marca de helados en India; sus característicos bigotes son usados para denostar a rivales políticos, así sean de izquierda, derecha o centro; aparece en una valla publicitaria, que muestra al genocida dictador luciendo un uniforme rosado en la ciudad siciliana de Palermo (Italia). Bajo la imagen del dictador vestido de rosa y con un brazalete con un corazón blanco, la frase “Cambie su estilo. No siga al líder”, como parte de controvertida campaña publicitaria de una tienda de ropa italiana; Hell Pizza, una cadena de restaurantes de Nueva Zelanda, usó una imagen de Hitler haciendo el saludo nazi con una porción de pizza en la mano, con la cita (atribuida a Hitler): “Es posible hacer la gente cree que el cielo es el infierno; el sombrerero alemán Thomas Weber usó una imagen estilizada para comparar al dictador y su gemelo en bigote, Charlie Chaplin,  “Es el sombrero”, dice el eslogan; para promover el uso de los profilácticos de Doc Morris Farmacias, un equipo de publicidad alemana encargó una ilustración de un espermatozoide con bigote, parodiado al dictador; Rasayana, un té antiestrés turco, creó un anuncio con el lema “Hacer la paz con el mundo” ,donde la imagen del Führer se viste con camisa rosa de flores; en Alemania se impulsó un polémico anuncio, Hitler mantiene relaciones sexuales mientras  el eslogan anuncia: “El SIDA es un asesino de masas”; una  tienda de Sudáfrica transformó a James Dean en Hitler  para promover  que los clientes  podría elegir desde un libro sobre Hitler, hasta una película de James Dean, y hasta la ONG para el trato ético animal P.E.T.A, comparó una perro de raza con el dictador en su lucha por evitar los cruces para crear perros de raza.

Ahora, que tras 70 años de censura, las autoridades alemanas autorizaron la venta de una edición crítica de “Mein Kampf” (“Mi lucha”), esta se vende como pan caliente en el epicentro del terror nazi, y ya tiene traducciones en varios países.

Por donde se vea, la mercadotecnia ha hecho del mayor matón del mundo, un cliché cultural y no deja de sorprender que una figura como Hitler cause tanto revuelo y más sabiendo que en los últimos años ha sido reclamo eficaz para vender todo tipo de productos.