México: un país sin legalidad ante falsificaciones

Publicado en Cultura el sábado 9, abril, 2016

Por Julenne Esquinca

Si alguna vez fuiste a La Lagunilla, entre tus hallazgos hubo piezas originales de artistas posicionados como Toledo, Friedeberg, figuras contemporáneas como Dr. Lakra, e ilustradores que han ganado renombre. Si esto fue poco y dudaste de la autenticidad de tu “maravilloso” descubrimiento, el vendedor mencionó que lleva la firma original, el certificado e incluso un: “Puede marcarle si gusta”.

Con base en estas premisas, cientos de turistas y compradores mexicanos son víctimas de las falsificaciones: un negocio nada nuevo en el arte. De hecho, las falsificaciones son tan antiguas como el hombre, y es uno de los negocios más redituables –siempre y cuando no te descubran– debido a los altos precios que maneja el mercado.

Tristemente en México, La Lagunilla no es el único lugar donde abunda esta práctica. Entre los sitios en donde más se lleva a cabo son –sorpresivamente– casas de empeño como el Nacional Monte de Piedad. Finalmente, la venta ilegal de falsificaciones o reproducciones ha afectado varios artistas, entre los que contamos uno de los escultores más importantes de México, Javier Marín, quien en 2015 enfrentó a la falsificación de 89 piezas.

Otro artista que en algún momento lidió con esta situación fue Francisco Toledo, quien en junio de 2001 compareció como testigo contra Ana Teresa Graham y Jorge Martínez Olivares, acusados de vender falsificaciones de su obra.

Ante este hecho, es importante recalcar que aunque respaldemos nuestra obra con certificados, firmas, y demás, la falsificación es bastante común. Entonces ¿cómo podría amparase un artista? Jorge Marín junto con Casa Morton y la Escuela Libre de Derecho sostendrán el foro Derechos de Autor en la Creación Artística en el que proponen agregar un título al Código Penal Federal para castigar este delito.

Esta clase de iniciativas invitan a toda la comunidad artística a levantar la voz cuando sea necesario y no temer proponer leyes que los amparen. En este caso, Marín tuvo éxito porque registró su firma como marca en Propiedad Industrial; solamente pudo proceder bajo esa forma.