Película expone desafíos de los niños inmigrantes que regresan a México

Publicado en Cultura el Martes 5, Abril, 2016

Durante 10 años, Alberta Ojera fue de un lugar a otro en Estados Unidos. De Poughkeepsie, en el estado de Nueva York, a Chicago y de ahí a la ciudad de Nueva York. Sin residencia legal, no podía ir a México a visitar a sus padres, que se hacían viejos. Así que en 2012, Ojera y sus tres hijos, todos nacidos en Chicago, regresaron al pequeño poblado de Ciénega de Zimatlán, en Oaxaca.

Cambiaron su pequeño departamento por una granja. Pero eso tuvo un precio.

La pareja de Alberta y el padre de sus hijos, Carlos Ramírez, se quedó en Queens para mantener a la familia. Carlos trabaja seis días a la semana como cocinero en un bar en el Upper East Side de Manhattan, y algunas veces como artista tatuador.

Su historia es la de muchos. Un informe reciente del Pew Research Center reveló que de 2009 a 2014 son más los inmigrantes mexicanos, incluyendo a sus hijos nacidos en Estados Unidos, que han regresado a México que los que han migrado a Estados Unidos.

Este recorrido quedó plasmado en una nueva película de Tatyana Kleyn, una profesora de educación bilingüe en el City College de Nueva York. En “Una vida, dos países” (“One Life, Two Countries”)  Kleyn explora las limitaciones y trastornos a los que se exponen los niños que han vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos y regresan con sus familias a Oaxaca, México. La película de 30 minutos tendrá su debut en Estados Unidos el 24 de marzo en el City College.

Según la investigación de Kleyn, muchas familias regresaron a Oaxaca porque no pudieron ganar lo suficiente en Estados Unidos o ya no querían estar separadas de sus familiares en México. El estudio del Pew Research Center cita una encuesta del gobierno mexicano que muestra que 61 por ciento de los inmigrantes volvieron con la intención de reunificar a sus familias.

“Me gustaría que en Estados Unidos pensemos que la migración no es lineal sino cíclica”, explica Kleyn.

El subtítulo de la película es “Niños y jóvenes (de regreso) en México” (“Children and Youth [Back] in Mexico”). La cineasta hizo la película para promover el debate sobre un creciente grupo de personas con habilidades y comprensión únicas en las aulas escolares de ambos países.

“Pueden ofrecer su bilingüismo, su multiculturalismo, su perspectiva del mundo”, comenta Kleyn. “Entienden las políticas migratorias mucho mejor que muchos adultos”.

Ella los llama estudiantes “transfronterizos”. La mayoría de ellos habla más inglés que español (y mejor que sus propios maestros). Los demás niños los llaman gringos.

Kleyn, de 41 años, dijo que su propia experiencia migratoria la ayudó a entender a sus alumnos. Ella llegó a Estados Unidos a los cinco años con sus padres, quienes eran refugiados judíos de Latvia, entonces parte de la Unión Soviética.

“Vi a través de los ojos de mis padres lo que pasa cuando llegas a este país y no hablas el idioma”, relata.

Su calidad jurídica de refugiados, añade Kleyn, les permitió tener beneficios con los que los estudiantes indocumentados de City College no cuentan.

Kleyn pasó seis meses entre 2014 y 2015 como becaria Fulbright en Oaxaca. Produjo la película con otros dos becarios y el cineasta Ben Donnellon, quien pasó dos semanas grabando las historias de los estudiantes.

En la escuela primaria de Ciénega de Zimatlán, las madres hacen una fila al lado de una alta barda blanca para entregarles el almuerzo a sus hijos en el patio de la escuela. Ojera les entrega sopa a sus hijos a través del enrejado.

Para Kleyn, la imagen resulta estremecedoramente familiar. “Es una escena fronteriza”, dice.

En la película, los niños hablan con su padre por teléfono y le preguntan cuándo lo volverán a ver. Han pasado más de tres años.

“Esa pregunta es la misma que me hacen mis hijos todo el tiempo”, dijo Carlos Ramírez durante una entrevista reciente en Manhattan. “¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo? Puedo decir que mañana o en tres meses, pero no sé”.

Ramírez, de 34 años, un hombre callado con varias perforaciones y tatuajes, rompe en llanto al hablar de sus hijos. Ha dejado de usar Skype o FaceTime para hablar con su familia. “Me cuesta mucho trabajo despedirme”, dice.

Ojera, también de 34 años, habló en español mientras un intérprete traducía, y dijo que los niños se debatían entre lo mucho que extrañan a su padre y lo mucho que les gusta jugar con los animales en la granja de sus abuelos.

“Les digo que un día de estos voy a poder arreglar mis papeles y que todos nos vamos a regresar”, explica Ojera.

Los desafíos educativos son mayores para los niños transfronterizos en la secundaria, señala Kleyn, pues les enseñan historia estadounidense desde una perspectiva mexicana y con frecuencia tienen que aguantar clases de inglés rudimentarias.

Ella elaboró una guía para los maestros mexicanos sobre cómo tener en cuenta las sensibilidades de los niños que regresan y la importancia de alentarlos a compartir sus experiencias y ayudarlos a ser mentores de otros estudiantes. La película de Kleyn viene acompañada de un plan de estudios de cinco partes disponible en línea de forma gratuita.

“Sabíamos que una película no sería suficiente; los estudiantes necesitan tiempo para reflexionar sobre por qué las personas cruzan fronteras, y las implicaciones y los efectos de dicha migración”, escribió Kleyn en la presentación para los educadores.

Para muchas familias, el regreso a México “une y separa al mismo tiempo”, dijo Kleyn en una entrevista.

“No creo que eso signifique que se van a quedar aquí para siempre”, continuó. “Este no es el destino final”.

(Fuente: New York Times)