El cosplay no es de origen asiático sino americano

Publicado en Dulcineas el jueves 3, noviembre, 2016

Los cosplayers son personas a las que les gusta disfrazarse de personajes de obras de ficción. Es una especie de caracterización de un sujeto específico o una idea que les gusta y deciden interpretarla. Los cosplayers a menudo interactúan para crear una subcultura centrada en la interpretación de roles y hacen convenciones o reuniones.

Muchos de ellos se disfrazan de personajes japoneses de series de anime o manga, pero no es una norma; también se pueden ver cosplayers disfrazados de superhéroes, protagonistas de películas, personajes de juegos o con cualquier otro disfraz reconocible y sigue considerándose cosplay. En cuanto al lugar en el que se realice el cosplay, en principio se refiere a convenciones y salones de la temática pero el sentido amplio del término, aplica a cualquier uso de disfraz en juegos roles fuera del escenario, independientemente de su contexto cultural. La palabra ‘cosplayer’ viene del inglés ‘cosplay’, y esta a su vez proviene de ‘costume play’ (actuación/juego de disfraz).

El cosplay no es de origen asiático sino americano

Dado a lo arraigada que la práctica parece estar en países de Asia como Japón y Corea, podría ser fácil asumir que el cosplay nació allí. Sin embargo, si bien se han encargado sin lugar a dudas de darle forma a toda su subcultura y un fuerte empujón durante las pasadas 3 décadas, parece que la práctica del cosplay, en su más pura y arcaica forma, es de origen americano.

Dos eventos compiten por el registro más antiguo conocido de personas disfrazadas en una convención, y ambos sucedidos en Estados Unidos, con aproximadamente sesenta años de diferencia con los Comic Market de Japón.

El primero data de 1908, cuando William Fell se disfrazó de Mr. Skygack, un marciano, el primer personaje de ciencia ficción en tiras cómicas, para una mascarada (evento social tipo baile donde se usaban máscaras). Este comúnmente se desacredita por el tipo de ocasión.

El otro y más aceptado data de la primera Convención Mundial de Ciencia Ficción, en el Salón Caravan, ciudad de Nueva York, en 1939, al que Forrest J. Ackerman y su amigo acudieron disfrazados con atuendos futuristas.

La práctica se popularizó todavía más en la década de los setenta entre otros seguidores de universos de ciencia ficción como Star Wars y Star Trek. De todas formas, sí es verdad que el fenómeno del cosplay en masa apareció sobre los años 1970 en Odaiba (Tokio) y desde entonces en Asia no ha ido más que en aumento posibilitando la expansión internacional de manos de los fans de la cultura asiática. De hecho, en 1984, durante la Convención Mundial de Ciencia Ficción Worldcon en Los Angeles, California, el japonés Nobuyuki Takahashi finalmente acuñó el término cosplay_ (コスプレ _kosupure), contracción de las palabras ‘costume’ y ‘play’ así que se puede afirmar que fue Japón de todas maneras quien bautizó el término aunque no fuera el primero que lo practicó.

En la actualidad, además de que algunas empresas han aprovechado para realizar concursos internacionales entre los que podríamos destacar el World Cosplay Summit, celebrado en Japón, la Yamato Cosplay Cup en Brasil o The Royal Fest que cambia de sede cada año, con la consiguiente multiplicación de sus participantes, el cosplay está tan aceptado que hasta existen profesionales que se ganan la vida con ello.

Por ejemplo, los cosplayers más famosos son contratados como modelos de eventos (presentaciones de videojuegos, estrenos de películas, etc.), tienen stands en las convenciones donde venden su propio merchandising, algunos confeccionan cosplays para terceros, y en casos de cosplayers ya muy profesionalizados, pueden trabajar en exclusiva para grandes empresas. Es el caso de la cosplayer Jessica Nigri y Grasshopper o Tasha Corea y Blizzard.

Eneko, una de las cosplayers profesionales más importantes de Japón, explicaba en una entrevista que ella suele ingresar 1 millón de yenes al mes (unos 8.800 €). Y que en la pasada Comiket, uno de los eventos más importantes del país, por su participación, ingresó 10 millones de yenes (alrededor de 88.300 €). Parece que disfrazarse, rinde.

 

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