La madre dulce de Iván el Terrible

Publicado en Dulcineas el miércoles 28, septiembre, 2016

En 1547 fue coronado como zar Iván IV, a quien la historia y sus actos lo convertirían en “El Terrible”. Su reinado fue la culminación de un tiempo de intrigas palaciegas que lo dejaron huérfano de madre siendo un niño de ocho años. Poco antes había muerto su padre, el príncipe Vasili III de causas naturales. Su madre corrió peor suerte. Con tan sólo treinta años fue envenenada. La Gran Princesa Elena Vasílievna Glínskaya fue una noble rusa que tomó las riendas del poder y se enfrentó a todos sus enemigos, pagando muy cara su osadía. Pero durante el reinado de su marido y la regencia que ejerció durante la minoría de edad de Iván, Elena demostró ser una mujer inteligente que inició importantes reformas urbanísticas, sociales y económicas.
Elena Vasílievna Glínskaya nació en 1508. Era hija del príncipe lituano Vasili Lvóvich Glinski y de la princesa serbia Ana Jakšić. El linaje de los Glinski, descendientes de la realeza de la Horda de Oro, llegó a Moscú el mismo año en el que Elena nació. Habían pedido asilo a Vasili III después de entrar en conflicto con el soberano de Polonia. Así, mientras su familia iba haciéndose un hueco en la alta sociedad rusa, la pequeña Elena crecía feliz y disfrutando de una libertad poco usual para las mujeres rusas. Elena recibió una esmerada educación, igual de los niños varones de su edad. Aprendió varios idiomas y demostró un especial interés por la historia de grandes personajes femeninos como Cleopatra o la emperatriz Teodora.

Cuando Elena era una joven atractiva e inteligente, el soberano ruso se encontraba sumido en una profunda tristeza provocada por la falta de herederos. Su esposa, Salomonia Sabúrova, no había podido darle ningún hijo, por lo que los dos hermanos de Vasili III estaban esperando su muerte para hacerse con el poder. Para evitar dicha situación, el gran príncipe de Moscú sorprendió a todo el mundo anunciando que repudiaba a su esposa, a la que obligó a entrar en un convento, y que iba a contraer matrimonio con Elena, treinta años más joven que él. Ni el clero ni la alta nobleza rusas aceptaron la decisión de Vasili quien hizo oídos sordos a las críticas.

 

Vasili y Elena se convirtieron en inseparables. En vez de permanecer recluida en los aposentos de las damas en palacio, la nueva soberana rusa se convirtió en asesora política de su marido, cuya opinión era tomada más en consideración que la de todos sus consejeros. La felicidad de la pareja fue completa cuando el 25 de agosto de 1530 venía al mundo el ansiado heredero, al que pusieron el nombre de Iván.

Tan sólo tres años después, Vasili III fallecía a causa de una septicemia. Su última voluntad fue nombrar a Iván como su legítimo heredero pero no designó ningún regente oficial. Elena, que entonces era una joven viuda de veinticinco años, hizo frente a sus dos cuñados, a los que con gran habilidad política, desplazó del poder. Aunque es cierto que Elena no estaba sola, pues tuvo siempre el apoyo de un fiel servidor de su marido llamado Ovchina-Obolenski, del que las malas lenguas decían que había sido su amante en vida de su marido e incluso que Iván habría sido su hijo. Las habladurías poco les importaron. Ovchina tenía gran poder en el ejército por lo que fue de gran ayuda para Elena.

Tras deshacerse de sus dos cuñados, que fueron asesinados, y expulsar a sus partidarios de la corte, Elena inició un período de importantes reformas. Entre ellas destaca la construcción de la gran muralla Kitai-Gorod alrededor de Moscú o la mejora de los servicios postales. Elena fue también la artífice del actual sistema monetario ruso al instaurar una decisiva unificación monetaria creando el kopek y deshaciéndose de la multiplicidad de sistemas de pago que hasta entonces existían en los dominios rusos.

Elena, Ovchina e Iván eran una feliz familia. Rusia vivía un momento de esplendor mientras el pequeño heredero crecía ajeno a su destino. Hasta que de manera repentina, la reina murió. El 3 de abril de  1538, cuando aún no había cumplido los treinta años, Elena Glínskaya fallecía conmocionando a toda Rusia y dejando a su amante y a su hijo, un niño de ocho años, totalmente desolados.

Cuando el cuerpo de Elena fue exhumado a finales del siglo XX, el análisis de su cabello dictaminó que efectivamente había sido envenenada.

El pequeño Iván sufrió una segunda pérdida cuando los enemigos de su madre encerraron a Ovchina-Obolenski y lo dejaron morir. El caos se apoderó entonces del reino, sumido en una constante lucha de facciones en el que se conoce como “gobierno boyardo”. Iván quedó relegado en palacio, olvidado por todos y sin recibir ningún tipo de apoyo material ni emocional. Todos pensaban que el hijo de Vasili y Elena moriría pronto. Pocos imaginaban que sobreviviría para escribir uno de los capítulos más sangrientos de la historia de Rusia.