La mujer que defendió el Muro de Berlín

Publicado en Dulcineas el miércoles 1, junio, 2016

Santiago, Chile.- “Para mí, la República Democrática Alemana era mi vida. Yo trabajé, colaboré, desde el primer momento por la construcción de ese país. Dediqué toda mi vida a ello, y es verdaderamente trágico que ya no exista”. Esas fueron algunas de las palabras de Margot Honecker en una polémica entrevista en 2012 a un canal alemán, que luego fue parte de un documental llamado “La Caída de los Honecker”, en la cual incluso defendió a la policía secreta Stasi y el muro de Berlín, y negó que el régimen comunista hubiese ordenado dispararles a las 136 personas que murieron tratando de cruzarlo.

Margot Honecker, la viuda oficial de la RDA, murió sola y con sus recuerdos a inicios de mayo pasado, a los 89 años de edad, en su exilio voluntario en Santiago de Chile donde ella y su marido fueron aceptados como refugiados de carácter humanitario. Desde 1963 hasta 1989, el año en que la Alemania comunista hizo implosión, fue ministra de Educación del Pueblo y con ello responsable de la formación de generaciones de alemanes del este, marcadas por la temprana escolarización, la inclusión de formación paramilitar en las escuelas y la selección de candidatos a estudios universitarios a partir de criterios de partido.

El hecho de pertenecer al Comité Central del Partido Comunista y, sobre todo, el estar casada con Erich Honecker, secretario general del partido y presidente del Consejo de Estado, le otorgaba además un poder bastante más amplio y sutil que el que determinaba su cargo de ministra, lo que le permitió desarrollar un estilo de poder moral y estéticamente basado en la perfección del autoritarismo. Incluso a su chofer durante 15 años, Georg Melzer, solía darle órdenes sentada siempre en el asiento del copiloto. «Vaya situándose en el carril de la izquierda, camarada», iba indicando en el trayecto hacia su chalet adosado de dos pisos en una urbanización de Wandlitz a la que acudían regularmente su masajista privado, su modista personal, su esteticista y su peluquera. Su última voluntad es que la urna con sus cenizas «sea depositada en el Monumento a los Socialistas en Friedrichsfelde, en un nicho sellado con una placa de mármol en la que se escriba con letras doradas «Margot Honecker 1927-2016».

Pese a la imagen de omnipotencia que desplegaba a su alrededor, nunca se sintió del todo segura. Llevaba siempre una pistola en el bolso y jamás cultivó amistades ni confidencias. Su secretaria revelaría más tarde que «no sabía si odiaba más la Perestroika de Gorbachov o a su esposa Raisa» y que «le gustaba que se refiriesen a ella como la madre de la nación».

La República Democrática (RDA) se había establecido en 1949 en territorio ocupado por la Unión Soviética en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su marido, Erich Honecker, Presidente del Consejo de Estado de la RDA (1976-1989), que estableció un gobierno dictatorial y ortodoxo, no quiso seguir los vientos de cambios que en la década de los 80 soplaban por toda Europa Oriental, y se negó a llevar a cabo reformas de apertura política, como la Perestroika, del líder soviético Mijaíl Gorbachov, en la Unión Soviética, siendo desplazado por el Partido Comunista de la RDA.

El 9 de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín, hecho que lleva a la unificación de Alemania un año después, el 3 de octubre de 1990. Honecker y su esposa Margot permanecen en un hospital militar del Ejército Rojo, y viajan a la URSS para evitar ser juzgados por violar los derechos humanos y por la represión política y las muertes de quienes intentaron cruzar el muro.

Hija de Gotthard y Helene Feist, Margot nació en la ciudad de Halle el 17 de abril de 1927 en el seno de una familia pobre. Terminada en 1945 la Segunda Guerra Mundial, Margot se hizo militante del Partido Comunista de Alemania (KPD), el cual se integró al nuevo Partido Socialista Unificado de Alemania. Fue integrante de la Juventud Libre Alemana, y por entonces mostraba una gran capacidad de liderazgo que la llevó en 1950 a lograr un escaño en la Cámara Popular (Parlamento), convirtiéndose en la parlamentaria más joven de la RDA, con solo 22 años. En 1953 se casó con Erich Honecker, quince años mayor que ella. Tuvieron como única hija a Sonja.

Fue a partir de 1963 ministra de Educación Popular, cargo que desempeñó por 26 años, hasta el fin del régimen de su marido. Se le acusó de participar en adopciones forzosas de hijos de opositores al régimen, pero la justicia nunca pudo encontrar pruebas. Asimismo, estipuló que los niños estudiaran durante 26 años. Dijo que los jóvenes debían defender al socialismo “con un arma en mano si era necesario”, y uno de sus proyectos favoritos fueron visitas de escolares de jardín de niños a bases militares.

La ex Primera Dama reconoció que se cometieron errores en la RDA, pero nunca pidió perdón. “Aquellos que quieren que pidamos perdón por eso, primero deben pedir perdón ellos de que durante siglos se haya explotado a la humanidad y se la haya mandado a la guerra”.

Sin dinero para taxis

«Más bien la madrastra», corrige a menudo Wolf Biermann, artista disidente que la conocía desde la infancia. Los padres de Margot, comunistas, pasaron por campos de concentración nazis y, cuando falleció su madre en 1940, los Biermann la acogieron en su casa, tratándola como a una hija más. Pero eso no impidió que en los años 60, cuando las canciones de Wolf comenzaron a criticar la igualdad social de cartón piedra que sostenía a los Honecker, ella diese personalmente la orden de «desnacionalizar» al cantante durante un viaje de este a Occidente para dar un concierto en Colonia.

Nunca aceptó la reunificación de Alemania y para ella la caída del Muro de Berlín fue «un suceso» alentado por agentes de Occidente apoyados por «traidores». Una de sus últimas apariciones públicas tuvo lugar en 2014, durante la llamada Fiesta de los Abrazos, un encuentro que organiza cada mes de enero el Partido Comunista chileno para recibir el Año Nuevo. Pidió que la fueran a buscar, explicando que la pensión de jubilación de ex funcionaria que siguió recibiendo hasta el final de sus días, de 1.600 euros mensuales, no daba para tomar muchos taxis.