Linda Lovelace: garganta insuperable

Publicado en Dulcineas el Miércoles 23, Marzo, 2016

Ironías del destino, la primera reina del cine porno era hija de un policía que se distinguía por su severidad, había sido educada en el catolicismo más ortodoxo y de pequeña soñaba con hacerse monja. Linda Lovelace, nacida Linda Boreman (Nueva York, 1949), pasó del anonimato a la más ruidosa celebridad gracias a su papel en ‘Garganta Profunda’ (1972), la primera película pornográfica que desbordó el estrecho cauce de las salas X para inundar de público los cines convencionales. Hay quien dice que ha sido la cinta más lucrativa de la historia del séptimo arte, extremo difícil de contrastar, pero lo que sí es cierto es que sus productores hicieron un buen negocio: los 22.000 dólares que costó les reportaron entre 100 y 600 millones de dólares (las estimaciones varían) de recaudación en taquilla.

Si ‘Garganta Profunda’ terminó siendo un fenómeno sociológico no fue por su calidad cinematográfica. El guión partía de una premisa tan disparatada que lindaba con el surrealismo: una chica descubre que tiene el clítoris alojado en la garganta y se entrega al placer practicando el sexo oral. Lo más notable de sus 61 minutos de duración es la pericia que muestra Lovelace, que entonces tenía 22 años, a la hora de engullir en su integridad un miembro masculino. La razón de que tan endeble argumento terminase triunfando en las salas de cine de medio mundo hay que buscarla en los guardianes de la moral, en especial la Administración que entonces encabezaba el republicano Richard Nixon, que planteó una cruzada en toda regla que proporcionó a la cinta una publicidad sin precedentes. Por si no fuese suficiente, publicaciones como ‘The New York Times’ otorgaron a la cinta un aura de distinción -se acuñó el término ‘porno chic’- que disolvieron los recelos que el cine X planteaba entre el gran público.

‘Garganta Profunda’ se hizo tan popular que hasta la anónima fuente informante del Watergate fue bautizada con su nombre. La película no hizo millonaria a su protagonista, que apenas llegó a cobrar 1.250 dólares, pero la catapultó a la fama y le dio la oportunidad de codearse en veladas y programas de televisión con personajes como Jack Nicholson, John Lennon, Warren Beatty o el mismísimo Elvis Presley.

Hematomas

Lovelace deparó en ese tránsito una sorpresa tras otra: de reina del porno pasó primero a suscribir las tesis feministas y luego a encabezar un movimiento contra el cine X que adquirió cierto vigor gracias al respaldo indirecto de Ronald Reagan. De paso también escribió una autobiografía, ‘Ordeal’, en la que reveló el infierno de su vida junto a su primer marido, un tal Chuck Traynor que además de maltratarle físicamente con regularidad le había obligado a prostituirse y a meterse en el mundo del porno.

El libro sacó a la luz que los hematomas que lucía en algunas escenas de ‘Garganta Profunda’ no eran producto del frenesí pasional, sino de algo mucho más prosaico: las palizas que le propinaba su esposo, al que solía acompañar en sus frecuentes incursiones en la droga y el alcohol. También que las inyecciones de silicona que le obligaba a ponerse para tener una apariencia más deseable le habían generado un tumor de pecho.

Arropada por su popularidad, reunió el valor para abandonar el hogar conyugal y solicitar el divorcio. Rehizo su vida con otro hombre y tuvo dos hijos, a la vez que se probaba como actriz en películas alejadas del porno -‘Linda Lovelace for president’- que fracasaron estrepitosamente.

En 1996 se divorció de nuevo mientras daba un nuevo volantazo a su carrera y arremetía con crudeza contra feministas y detractores del cine porno, a los que acusaba de haber utilizado su figura para ganar dinero. Aquejada por problemas de salud cada vez más acuciantes, murió en 2002 a los 53 años después de haber sufrido un accidente de tráfico cuando se dirigía a recibir un tratamiento de diálisis.

Remakes carentes de alma

El 12 de junio de 1972 se estrenó en Nueva York la película que destaparía la caja de los truenos en la puritana administración política de los Estados Unidos, que con Richard Nixon a la cabeza movió cielo y tierra para buscar las perfectas palabras demagógicas, catastrofistas, cristianas que culminaran en un linchamiento social y judicial contra el film. La película era Garganta profunda (Deep Throat), dirigida por el peluquero Gerard Damiano, producida por unos cuantos miembros de la mafia y protagonizada por la, en apariencia, angelical Linda Boreman…conocida a partir de ahí como Linda Lovelace.

Deep Throat, cuyo ajusticiamiento y condición de cabeza de turco no hizo más que reportarle records históricos en beneficios de taquilla, no conmocionó únicamente por sus secuencias pornográficas, sino también por romper tabúes en lo referente al placer sexual femenino. De las leyes creadas para erradicar la obscenidad, de la defensa del film por grupos de actores como Jack Nicholson y Warren Beatty y de la influencia que tuvo en el cine porno habla extensamente Inside Deep Throat (2005). Y, digámoslo ya, ese documental realizado por Fenton Bailey y Randy Barbato ahonda además mucho más en la vida y circunstancias de Linda Boreman que la mediocre y anodina cinta que nos ocupa: Lovelace (2013).

Linda –encarnada por Amanda Seyfried; demasiado refinada por injustas exigencias del guión, sin contar las escenas de desnudo- es una joven de 21 años que no rechaza ser rebelde a pesar de (o por culpa de) haberse criado en un ambiente familiar religioso. Una noche, mientras baila en una discoteca con su amiga Pat (Juno Temple), conoce a Chuck (Peter Sarsgaad), psicópata que cambiará para siempre la mentalidad de Linda. La cándida chica accederá a todo lo que él le pida, desde practicar la prostitución hasta introducirse en el universo del porno.

Chuck convencerá al director Gerard Damiano (acertado Hank Azaria) y harán de Linda la actriz principal de la película Garganta profunda, histórico film X que narra las aventuras de una mujer que tiene el clítoris en la garganta. Aunque tiene un enorme éxito, ni Chuck ni Linda Lovelace se lucrarán con ella. El matrimonio irá de mal en peor, Chuck descargará aún más las brutales emociones maltratando a su esposa, y ni siquiera los padres de la dulce estrella pecosa podrán ofrecerle ayuda, interpretados por los excelentes Sharon Stone y Robert Patrick.

Basada en las memorias que Linda publicó una vez apartada del cine adulto, Lovelace es un frustrante biopic con aires de TV movie que no va más allá de la aplastante superficialidad, con el inconveniente añadido de que solo rememora parte de la personalidad y vicisitudes de la estrella de Deep Throat, dejando incomprensiblemente a un lado interesantísimos datos que hubieran ayudado mejor a comprender su carácter, siendo estrictos y fiel a los sucesos. Se obvia los malos tratos de su segundo matrimonio, la intención de Lovelace de volver a ser mediática en los años 90 para ganar dinero, sus películas practicando la zoofilia o el factor mafia en la producción de Garganta profunda. Demasiadas sospechosas elipsis que hacen intuir algo de parcialidad en los directores Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Me pregunto qué habría hecho Abel Ferrara o cualquier otro director poco amante de ser domesticado por la educada y correcta maquinaria de Hollywood. Casi es mucho mejor ver Lovelace como un producto de ficción que como un reflejo fidedigno de la verdad, sin dejar de aceptar la locura violenta de Chuck, confirmada en la prueba del polígrafo a la que Linda se ofreció antes de la escritura de su primer libro autobiográfico, Ordeal (1980).

Si hay algo en lo que el film de Amanda Seyfried destaca es en la factura técnica e interpretativa. Algo pasada de vueltas en la elección de los actores, todo hay que decirlo; entre Eric Roberts y Chloë Sevigny hacen 10 segundos en pantalla…aunque el cameo de esta última puede llegar a entenderse como homenaje a la explícita felación que Sevigny practicó en The Brown Bunny (2003), la segunda más famosa del séptimo arte después de la Garganta profunda. Por otra parte, coherente es el uso de grano grueso en la imagen de Lovelace y estupenda la ambientación de los ´70.