Mujeres caficultoras de Colombia contra la guerrilla, el narcotráfico y el machismo

Publicado en Dulcineas el miércoles 22, junio, 2016

Una cooperativa de 200 mujeres del Cauca, en Colombia, gestiona desde hace años sus cultivos de café, en una zona marcada por la guerrilla, el narcotráfico y el machismo. Un ejemplo de empoderamiento que está propagándose: otras 50 féminas más están actualmente en proceso de formación para entrar en la agrupación. 

“Cuando convocábamos a las mujeres a reuniones, venían sus maridos. Les preguntábamos qué hacían allí y nos decían que iban ellos porque sus mujeres no sabían. Les decíamos entonces que sus mujeres no eran ni sordas ni mudas, que eran ellas las que tenían que venir, que se volvieran para casa y vinieran ellas”. Elizabeth Trujillo tiene una piel curtida por el sol y por los años. Menuda, hermosa, cuenta lo anterior con la determinación de quien no lo ha tenido fácil en la vida. Vive en una zona pasto de la guerrilla y de los narcotraficantes, en la región del Cauca, en Colombia. De hecho, en su familia tuvieron que abandonar su casa porque la guerrilla mató a su padre y a su hermano: “Pero al final regresamos, es nuestra casa, ¿sabe?”.

La región del Cauca es uno de los 32 departamentos de Colombia, el tercero más poblado, situado en el occidente del país. Dicen que es una de las mejores tierras donde plantar café. Y a eso se dedican Elizabeth y Fabiola Tombe, dos de las féminas que forman parte del grupo de casi 200 mujeres de Amucc, Asociación de Mujeres Caficultoras del Cauca. En realidad, a eso se dedicaban antes también, lo que pasa que no veían “nada de la plata”, como ellas dicen, que reportaba la actividad, porque se la quedaban los hombres. Ellas trabajaban, pero ellos gestionaban el dinero ganado. “Estábamos cansadas de ser las Cenicientas del café”, dice.

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Hasta que un día, hace 14 años, decidieron tomar las riendas de sus vidas y de sus economías: el germen fue una convocatoria para mujeres de la cooperativa de la zona. Así empezaron a agruparse para acabar constituyéndose legalmente. De esta forma han conseguido ser las primeras representantes femeninas en este sector. Son pequeñas (la que mayor terreno tiene maneja una superficie de hectárea y media), producen unos 280.000 kilos al año pero pelean duro por seguir creciendo y sobre todo, cambiando la moral vigente en un sector (y región) muy machista. “Es una forma de empoderamiento, al principio los maridos de estas mujeres no entendían, ahora han visto que no queremos suplantarles, simplemente, tener los mismos derechos que ellos”, afirma Trujillo. Incluso están consiguiendo que la titularidad de los terrenos, poco a poco, pase también a sus nombres.

Su modesto ejemplo, además, se propaga como la pólvora: actualmente hay otras 50 mujeres en proceso de formación para formar parte de la cooperativa: “La constancia vence lo que la dicha no alcanza decimos en Colombia”, comenta mientras cuenta que las reuniones habituales en las que se ven comienzan hablando del café pero acaban conversando sobre otros temas como belleza, salud, educación. “Al final son reuniones sociales”, sonríe.

Los granos de sus explotaciones del Cauca son además, pagados a un precio justo: la pyme española Supracafé inició en 1999 un programa social con la cooperativa de la zona, apoyándose sobre todo en estas mujeres, muchas de ellas viudas. Les pagan el kilo de café alrededor de unos 20 centavos de dólar más que otros clientes: “Y no se pueden imaginar lo que se puede hacer con esos 20 centavos. El problema es que antes, cuando eran los hombres los que gestionaban el dinero, esa plata no llegaba a las familias, se la gastaban ellos. Ahora que la controlamos nosotras, revierte en nuestras casas, en nuestros hijos”, comenta.

La cooperativa también recibe apoyo de la Fundación Cafemundi, formada por otra ristra de pymes españolas. Supracafé, aparte de una Hacienda propia en la región, también ha creado un centro tecnológico donde las mujeres de la cooperativa se forman sobre el café y sobre las mejores técnicas de cultivo.

Elizabeth reconoce que no ha sido fácil y que tienen que seguir rompiendo muchos tabúes: “En la Federación de Cafeteros de Colombia no hay mujeres, pero nuestro próximo objetivo es conseguir un sillón en el Consejo Departamental del Café”, afirma mientras se dice muy feliz de haber venido a España a contar su historia.

Una historia pequeña quizás, pero ambiciosa: recientemente estuvieron en París como proveedoras oficiales de café en el foro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico. Y es que ya han dejado de ser las Cenicientas del café.