Chuck Palahniuk y la industria del perfecto orgasmo femenino

Publicado en Erotomanía el Jueves 21, Abril, 2016

Snuff comenzaba con una actriz porno que estaba intentando batir el récord mundial de gang bang -o sea, sexo con varios hombres a la vez, en este caso contándose por centenares-, y Pigmeo nos presentaba a un terrorista que debía esconder sus intenciones reales a una familia americana que, muy amablemente, le había acogido en su casa.

Los comienzos en las novelas de Chuck Palahniuk son importantes, no sólo porque proponen ideas escandalosas o delirantes que enganchan, sino porque en ellas está el germen de una literatura que, a partir del entretenimiento y la sátira, aborda casi siempre cuestiones que preocupan a la sociedad moderna. El sexo, la seguridad, el consumo, la pérdida de valores e ideales: se ha dicho de Palahniuk que es un nihilista, o un provocador, pero en realidad lo que hace es observar su mundo a través de una lente de aumento tan poderosa que termina por mostrarnos algo que no es la realidad en sí. Es una sección fea, incompleta, deformada.

En cierto modo, Palahniuk se ha convertido en el gran maestro de lo grotesco.Su literatura quiere ser, ante todo, venenosa, y aunque no mata, casi siempre irrita. Su última novela, Eres hermosa (Mondadori, 2016), no es una excepción: esta vez le toca recibir a la mujer. Bajo la apariencia de lo de siempre desde que debutó con El club de la lucha (1996) -o sea, una sátira del consumismo aborregado y la obsesión por satisfacer todos nuestros deseos hedonistas-, Eres hermosa es un artefacto pensado para mofarse de la moda reciente de la literatura erótica para señoras insatisfechas, pero también de los discursos feministas, hoy tan en boga, que hablan de ‘empoderamiento’, derecho al uso y disfrute del propio cuerpo para explorar los límites de la sexualidad y, como consecuencia de todo esto, un rechazo al hombre en tanto que representación de los males de la sociedad patriarcal.

Imaginemos que todo ocurrió así: un día, cae en las manos de Palahniuk un ejemplar de 50 sombras de Grey y su mente sucia empieza a maquinar una respuesta a esa aberración literaria y al boom de la literatura erótica que trae consigo. Si en el best seller de E. L. James tenemos a una chica insatisfecha que un día se cruza con un macho alfa con aspecto de follador excepcional, pero que en realidad es un aficionado a los latigazos y otras prácticas sádicas, en Eres hermosa tenemos a Penny Harrigan, una joven que trabaja de becaria en el bufete de abogados más importante de Nueva York y que, lejos de trepar, lo que prefiere es sumergirse en la lectura del periodismo gonzo de Gloria Steinem o los ensayos feministas de Susan Sontag. Un día traba conocimiento accidental -y humillante: derrama varios litros de café de Starbuck’s sobre una moqueta carísma, lo que la deja con el culo al aire frente a sus jefes- con el hombre más rico del mundo: C. Linus Maxwell.Podrían haberla despedido en ese momento, pero Maxwell decide invitarla a cenar. Ha visto algo excepcional en ella y no sabemos qué. A Maxwell la prensa le conoce como C.LiMax porque, cuenta la leyenda, es la bestia sexual más codiciada del planeta.

Sus antiguas amantes -la reina de Inglaterra, la presidenta de Estados Unidos, la actriz más laureada del mundo- nunca superaron sus respectivos abandonos. No hay mujer que no esté obsesionada con Maxwell, pero Maxwell se fija en la becaria torpe y mal depilada que ha arrojado café hirviendo sobre sus zapatos. Podría ser el comienzo de una bella historia de amor, la reactivación del cuento de Cenicienta en la opulenta Manhattan.También podría ser un episodio de Sexo en Nueva York, o una novela de la serie de Bridget Jones, pero esto es Chuck Palahniuk, el tipo obsesionado con la asfixia, las reuniones de alcohólicos anónimos, las explosiones de edificios y los sedantes, o sea, un enfermo. Rápidamente la novela se transforma en algo más perturbador. No se trata ya de juegos sexuales al límite, como en la chick-lit con azotainas de E. L. James, sino de algo más retorcido: el perfeccionamiento del juguete sexual. Maxwell, después de haber hecho una fortuna en la informática, planea revolucionar el mercado de los geles estimulantes, las bolas vaginales, la estimulación clitoriana y los vibradores de última generación, de modo que Penny no se convierte en su amante, sino que es de facto su cobaya. Según Maxwell, ella tiene un sexo anatómicamente perfecto, ideal para experimentar la ducha vaginal -algo así como una presión palpitante de champán con sabor a frutas en la cavidad del útero-, la libélula y las bolas peruanas, unidas por un imán y que operan simultáneamente en la pared que separa el ano de la vagina. Parecen esos típicos objetos que aparecen en las películas japonesas hentai -dibujos animados eróticos-, donde se penetra a las mujeres con aparatos estrambóticos y tentáculos viscosos. Los orgasmos, pues, son prolongados, constantes y escandalosos, hasta el punto de que los juguetes de Maxwell crean una adicción poderosa en quien los prueba.La línea de productos se llama Eres Hermosa (Beautiful You, en el original), y en el momento en el que salen al mercado provocan lo inevitable: millones de mujeres en todo el mundo deciden que ya no necesitan a los hombres para proporcionarse placer, y hay tal variedad de orgasmos, de tantas intensidades y duraciones, que el 98% de la población femenina acaba enganchada a Eres Hermosa y ven reducidas sus vidas al nivel Whitney Houston, o sea, el de adictas al crack, siempre tiradas en la cama o en un rincón sin hacer nada, sin hambre ni ganas de moverse, convertidas en desechos, en yonquis del orgasmo. El sueño feminista más radical -un mundo en el que los hombres no sean necesarios ni para procrear ni para complementar las relaciones sexuales- acaba, en manos de Palahniuk, ridiculizado por la vía esperpéntica e imagina una distopía al estilo Un mundo feliz, de Aldous Huxley, pero en el que la droga que controla a la población no es el soma, sino una diabólica gama de objetos para el placer íntimo.Como en casi todas las novelas de Palahniuk, y Eres hermosa no es una excepción, se da una mezcla entre un punto de partida espectacular -tras varias novelas dedicadas a los fantasmas y lo sobrenatural, apetecía un regreso al Chuck pornográfico- y una escritura delirante, además de rica en tecnicismos anatómicos, con un desarrollo argumental cada vez más disparatado. Eres hermosa va de más a menos, la segunda parte de la novela es sencillamente un despiporre sin sentido -en el que aparece la única persona, una legendaria gurú sexual de más de 100 años (hoy la llamaríamos coach), que puede detener al malévolo Maxwell, tirano del mundo gracias a los orgasmos que provoca a distancia-. Nada que nos deba sorprender: Palahniuk siempre ha sido irregular en las culminaciones de sus novelas, pero extremadamente divertido de leer si aplicamos aquello que los ingleses llaman la “suspensión de la incredulidad”. Y en un momento de extremadamente corrección en el lenguaje y las ideas, está ese atrevimiento -que quizá sólo podría practicar él, porque está loco y porque, ya se sabe, es un escritor homosexual dicharachero al que se le puede tolerar la misoginia- al ridiculizar buena parte del dogma feminista, convirtiendo una de las aspiraciones revolucionarias del movimiento -la autonomía sexual, un mundo de placeres sin hombres- en una distopía descacharrante.