Apuntes sobre “The Door”, un capítulo de #GameOfThrones

Publicado en Magazine el miércoles 25, mayo, 2016

Por Ángel Alayón

Arya (¿o ya no es Arya?) tiene que asesinar a Lady Crane. Es su segunda y última oportunidad. Cuando va en su búsqueda, la encuentra representando el papel de Cersei en una obra de teatro de calle. Y allí ve representados a varios de los personajes que definieron su destino cuando en la Corte se conspiró para matar a su padre, Ned Stark.

La escena es shakesperiana: el grupo de teatro escenifica la decapitación de Ned, un recuerdo triste para Arya, pero no es sólo ese recuerdo lo que la perturba. Los protagonistas se alejan de la realidad en esta versión de la historia. Joffrey aparece como un joven bueno y preocupado por el bienestar de su familia. Y Ned Stark como un tonto ambicioso y bruto ante los ojos sorprendidos de su hija.

Nadie es lo que ella recuerda.

Dicen que la historia la escriben los ganadores. Hay mucho de verdad en ello: aquellos que triunfan suelen utilizar el pasado a su conveniencia. La historia no siempre resume lo que pasó. Y por eso el poder se interesa tanto en monopolizar las verdades de la historia. En eso reside la incomodidad del arte para quienes pretende adueñarse y administrar la historia.

El arte es siempre un competidor del poder en eso de reinterpretar el pasado. Por eso los poderosos le temen y lo persiguen. Al arte. A la literatura. Al teatro. A los espacios de libertad que siempre cuestionan la peligrosa e interesada versión oficial.

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Daenerys Targaryen: No le des tu espalda a tu reina, Jorah el Ándalo. No te he dicho que te retires. Me juraste lealtad. Juraste obedecer mis órdenes el resto de tu vida. Pues te ordeno encontrar una cura esté donde esté en este mundo. Te ordeno que sanes y vuelvas a mí. Cuando conquiste los Siete Reinos, te necesito a mi lado.

La muerte no discrimina, al menos no en términos de concederle a algunos la capacidad de evadirla para siempre. Todos los hombres, todas las mujeres, morirán. Sin embargo, no todos vivirán los años de vida que pudieron haber vivido.

Las ciencias demográficas y económicas encuentran que el nivel de ingreso, el acceso a los servicios de salud y educación, los hábitos de alimentación y de actividad física son, entre otros factores, determinantes en la duración de la vida. Y Gary Becker dijo alguna vez que todas las muertes son, en algún grado, una forma de suicidio. Se refería a que nuestras decisiones, conductas o hábitos determinan, en parte, el número de años que viviremos.

Jorah Mormont estaba determinado a suicidarse antes de que su enfermedad lo consumiera. Pero ahora recibe la orden de encontrar una cura que él cree que no existe.

Quizás no pocos hemos estados en una situación en la cual quisiéramos que la enfermedad de uno de nuestros afectos pudiera curarse sólo porque así lo hemos ordenado.

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Tyrion Lannister: Los Hijos de la Arpía tienen una buena historia: resistir una invasión extranjera. Nuestra reina tiene una mejor: Madre de Dragones, Rompecadenas… y todo eso.

Tyrion está consciente de la importancia de las narrativas para acceder y mantenerse en el poder. Conoce la importancia de administrar una historia que justifique el presente y las decisiones que impactarán el futuro. No se trata de la verdad: se trata de aquello que puede ser creído. Liberar a los esclavos ya no es suficiente ahora que ha negociado con los antiguos Amos en devolver la esclavitud por siete años y que Daenerys no está. En un giro estratégico, Tyrion decide convocar a una Sacerdotisa de El Señor de la Luz. El objetivo es persuadir a la gente de que Daenerys es su salvadora y protectora, que ella es la luz que siempre han estado esperando. Se trata de imponer una historia en la gente con la intención de desestimular cualquier acción negativa en contra del poder.

El poder siempre requiere buenas historias: en algunos casos las necesita para motivar la acción, en otros para anestesiar y hasta inmovilizar.

Ahora sabemos por qué Hodor sólo decía “Hodor”. Bran intervino su mente siendo todavía un niño y, desde entonces, Hodor sólo vivió para salvarlo. De hecho, murió salvándolo.

Donde hay heroísmo siempre hay tragedia. Y Game of Thrones nos lo recuerda con la muerte de un gigante noble que nunca pudo ser otra cosa.

A veces los héroes lo son porque ya no tienen alternativa, porque ya no pueden ser otra cosa. Por ahora, sostengamos las puertas que podamos mientras sea necesario.

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