Los privilegiados

Publicado en Michoacán el Lunes 16, Mayo, 2016

Por Julián Ruíz

Morelia, Mich., a 16 de mayo de 2016.- En 1989 México despertaba de un aletargamiento de 60 años, de un espejismo que lo obnubiló en los sueños pots revolucionarios de desarrollo y crecimiento. Por esos días, se gestaban grandes movimientos sociales y políticos, que abrevaban de la chispa generada por el fraude electoral de un año antes. Era el tiempo de romper con la dictadura perfecta, como se lo había endosado Mario Vargas Llosa a la intelectualidad del régimen justamente en un programa de Televisa.

Por esos días veía la luz instituciones y movimientos que tenían como objetivo romper el anquilosamiento de un régimen burocrático, ensimismado y corrupto como era el PRI. Mientras en Europa se desmoronaba el muro de Berlín y temblaba la cortina de acero, en México nacían el PRD como la síntesis de la inconformidad social, y en el magisterio nacional, que fue regenteado por décadas por Carlos Jongitud Barrios, emanaba un gran movimiento de bases sindicales, a fin de romper el sometimiento cupular que había privado por décadas de los derechos más elementales a los maestros en México.

A raíz de esta experiencia, nacía la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Aquel movimiento social paralelo a la dirigencia del SNTE, se confrontó directamente contra Elba Esther Gordillo y contra el régimen priísta. Así pasó sus primeros diez años de vida, en medio de una lucha sindical para democratizar al viejo y mañoso SNTE.

Sin embargo, al paso de los años, aquel movimiento social tomó el gusto por abandonar las aulas para sumarse a “la lucha”, y cayeron en el canto de los cisnes de la clase política, asumieron que su “utopía” social era posible y se vistieron de revolucionarios.

Cincelados por los discursos combativos del profesor Francisco Javier Acuña Hernández, cuando la lucha estaba legitimada para hacer un estado autoritario, la CNTE de ahora, 25 años después de su lucha, ha dejado de ser un instrumento para canalizar las demandas sociales, y se ha transformado en un entramado de autoritarismo, corrupción, opacidad e impunidad.

Al amparo del manido artículo 3 Constitucional, el mismo que garantiza que todos los niños tienen derecho a la educación, los profesores que han sido embaucados por años por los dirigentes de dicha organización, que hacen del chantaje, del bloqueo, y de la ingobernabilidad, su principal sello.

Ser profesor sindicalizado es uno de los mayores privilegios en este país, que cuenta las mayores tasas de desempleo en América: México es el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico que dedica mayores recursos para educación en sueldos de maestros; en infraestructura sólo se asigna el 2.5 por ciento del presupuesto en la materia.

Datos de la OCDE dan cuenta que nuestro país destina un mayor porcentaje de su gasto anual en educación a la remuneración de docentes que ningún otro país de la OCDE. En 2012, casi el 81 por ciento del gasto actual de los niveles de primaria y secundaria se usó para pagar a los maestros.

Mientras, el gasto en los jóvenes que van a clases es el menor del organismo. En ese mismo año el país gastó dos mil 600 dólares por estudiante (41 mil 600 pesos) y el promedio de la OCDE es de nueve mil 500 dólares (152 mil pesos).

En cada protesta, en cada marcha, en cada paro de labores, los docentes no defienden derechos lesionados o disminuidos, sino un cuerpo excepcional de ventajas, licencias, privilegios y sinecuras que ciertamente han contribuido a la degradación educativa.

La CNTE tiene su epicentro de poder político en Michoacán, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, en donde la organización gremial es “juez y parte” en materia educativa, controlando tanto al órgano estatal de educación como al gremio de maestros. Hay que señalar que éstas son las entidades con el peor nivel educativo.

Se trata de un gremio que ha privatizado la educación a sus intereses, anacrónicos y anquilosados que patalea por mantener intactos sus privilegios laborales y su baja eficiencia. No son más que sectores conservadores que quieren el estatus quo y el inmovilismo por beneficios de grupo.

A lo largo de los años, la CNTE se transformó en el mayor generador del rezago educativo que existe en Michoacán, porque abandonan las aulas y dejan a los niños sin clases para salir a la calle a gritar consignas y tomar calles y avenidas en Morelia.

Las tres entidades en las que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) domina la impartición de clases —Guerrero, Oaxaca y Michoacán— son las que, con calificación del 6.1 al 6.4, están en los últimos lugares del informe del Índice de Progreso Educativo (IPE) en calidad, cobertura y logros a nivel nacional.

Esta semana, ante el reinicio de las movilizaciones de un sector del magisterio en Michoacán y otras partes del país, demuestra que la organización sólo trata de defender su coto de poder, ese que les permite trabajar cuando les dé la gana, cobrar sumas exultantes que otros trabajadores no tienen derecho y recibir una retahíla  e prerrogativas, que los convierte en el sector más aburguesado y privilegiado del gremio obrero.

Sin embargo, en su lucha contra la Reforma Educativa y la evaluación docente, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha visto impactado su poder de convocatoria entre los maestros, por lo que ahora se apoya  más todavía en organizaciones afines y en estudiantes normalistas para engrosar sus filas, en su intento de demostrar que no ha perdido fuerza.

Sin embargo, sus convocatorias se ven cada día más disminuidas, y capacidad de coerción social sufre el desgaste de años de generar inconformidad y daños colaterales a los ciudadanos.

La armonización de las leyes estatales de educación con la Reforma Educativa, las promociones mediante la evaluación docente y el despido de profesores que no se presentan a esa prueba, así como la reestructuración de institutos estatales de educación, como en Oaxaca, para quitarle espacios de poder a la CNTE, han impactado en esa organización.

La CNTE vive horas bajas, los peores momentos de su historia, y toda actividad de lucha o resistencia tienen de entrada el desprecio y el rechazo de los ciudadanos. Lo peor: aun no entienden que ellos ya no son el facto de cambio y transformación, toda vez que el lastre son ellos, y debido de su actuar, llenaron con creces ese modelo arcaico que tumbaron.