Amy Winehouse, crack, cocaína, Grammys, vodka y muerte

Publicado en Música el Jueves 21, Abril, 2016

Camerino improvisado en el Festival de Benicasim del año 2007. Amy Winehouse le dice a la gente de su compañía que no quiere hacer entrevistas. Está harta de que le pregunten por ‘Rehab’, la canción que ha revolucionado la escena mundial. Es el tema que la ha hecho famosa en todo el mundo. Por culpa de ese número uno, Amy se ha convertido en una diva insoportable. Lo dice ella misma en la canción “Ellos tratan de que vaya a rehabilitación, pero yo les he dicho que no, no y no”.

En aquel camerino, Amy Winehouse me miró con rabia, pero como me sonreí, me devolvió otra sonrisa. Amy podía ser cruel, pero también era una persona emotivamente especial, abierta, demasiada abierta tal vez.

Me contó una anécdota un colega inglés que quizá exprese de alguna manera su carácter. Amy era carne de cañón para los tabloides británicos. Nunca dejó de serlo, pero tiempos atrás vivía en esa tabla de surf tan frágil, en esa supuesta cresta de la ola. Una noche en que su ex-marido, el amor de su vida, el imbécil y drogadicto Blake Fielder había sido encarcelado por traficante, una docena de “paparazzis” se concentraban en el portal de su “flat” en Camden.

Como hacía un poco de frío, abrió la ventana de su salón, le silbó y les invitó a todos que subieran a tomarse una copa para calentarse. Esa era Amy, la chica de la puerta de al lado, la hija de un taxista al que Dios le había dado una voz maravillosa, de las pocas que se meten en el alma.

Amy fue otro buen cadáver exquisito de la música que murió a los 27 años, edad fatídica en el mundo de la música. Es increíble que con esa misma edad se fueran Robert Johnson, Brian Jones de los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain. ¿Era consciente de ellos Amy Winehouse?. Siempre nos quedará la duda.

El vodka, bebida favorita

Amy tomaba sobre todo vodka, pero también lo confundía o lo mezclaba con Ketamine, Éxtasis y, por supuesto, cocaína e incluso heroína, que esnifaba. Se tragaba la vida a base de drogas. Perpetuamente , al borde del colapso, la convencían de que fuera a una clínica para desintoxicarse. Era inútil.

El 23 de junio del año 2008, un años antes de su muerte, un doctor dictaminó que Amy sufría enfisema pulmonar. Sus pulmones sólo operaban al setenta por ciento de su capacidad. El resultado de su angustia pulmonar era por culpa de que Amy no paraba de fumar “cocaína crack”. Amy se asustó tanto que empezó a dejar de fumar y se puso parches de nicotina. Unos pocos meses después, en octubre, el doctor que la medicaba en la London Clinic le dijo que sus pulmones estaban infectados. Lo que no se anunció en aquellos días era que Amy sufría de bulimia severa. Eso no se supo hasta que su hermana lo confesó un par de años después de su muerte.

Cómo murió Amy Winehouse es todavía un gran misterio sin resolver. Descartemos la posibilidad de un suicidio. En aquellos días, probablemente, Amy se había vuelto a enamorar. Un día de su muerte, un viernes 22 de julio del 2011, parece que vio a “su amor”, el semi- desconocido cineasta Reg Traviss, con el que se iba a casar. Incluso hablaba con su madre Janis del traje de novia que se iba a poner para tal día. Pero ese encuentro sólo lo confirma su madre Janis. Otras teorías avalan el hecho de que Amy había caído en una depresión, porque había roto con el director de cine. Su ex-marido, Blake Fielder-Civil, que todavía estaba en la cárcel, no paraba de llamarla e intoxicarla con amor desesperado. Blake quería que ella lo sacara de la cárcel con el dinero de un buen abogado y volver a los brazos de Amy.

La última aparición pública de Amy fue el jueves día 21, fue dos días antes de su muerte. Amy se presentó en el Roundhouse de Londres, para apoyar el debut de su sobrina Dionne Broomfield. Pero fue una aparición patética. Cuando Dionne le puso el micro a Amy, que había subido al escenario, no podía cantar.

Sólo por la cabeza de Amy pasaba en aquellos días la película de sus sentimientos, de su situación o de su desesperación. El día anterior de su muerte, se cayó a la salida de un taxi, poco antes de almorzar con su madre. Janis dijo que su hija parecía “ida”, como si ya no estuviera en este mundo.

Autopsia al infierno

Aquel sábado 23 de julio, su guardaespaldas Andrew Morris era el único que estaba con ella, en la “tower” Amy de Camden. A las diez de la mañana tras una noche de insomnio y, al parecer, al dejar los cadáveres de dos botellas de vodka, Amy le dijo que quería dormir un rato y se retiró a su dormitorio. Poco antes de las tres de la tarde, Andrew quiso despertarla y sospechó que Amy no respiraba y que mantenía la misma posición en la cama de cuando se acostó.

Andrew llamó a una ambulancia. Dos se presentaron poco antes de las cuatro de la tarde. Amy Winehouse fue declarada cadáver a las cuatro menos seis minutos de la tarde de aquel sábado por el superindente de origen hindú, Raj Kohli. Meses después el forense dictaminó que Amy había muerto por intoxicación etílica. Se le encontró en su cuerpo cinco veces más tasa del alcohol de lo que se admite para conducir.

El gran negocio Amy Winehouse acaba de empezar. Su casa de discos publicaba un “album póstumo”, ‘Lioness : Hidden Treasures’, que era una puñetera vergüenza. Canciones a base de “puzzles” y canciones que no había terminado nunca. Una desfachatez.

El padre, el taxista ahora millonario, publicaba otra vergonzosa biografía titulada, ‘Amy, mi hija’. En abril del 2013, Universal Records pagaba el nacimiento de un film titulado ‘Amy’, que se estrenó en el más reciente festival de Cannes. Su padre Mitch montó en cólera, porque no habían contado con él y se quejaba de las mentiras que reflejaba el film. La película no está mal, pero sublima la figura de Amy Winehouse a la altura de Billie Holliday o Nina Simone. Cuando Amy, que cantaba muy bien, con un marcado sentido comercial, sólo hizo dos álbumes en vida. El primero, ‘Frank’, con el paso del tiempo, bastante flojo y fue un fracaso comercial. El segundo ‘Back to Black’, el de los cinco Grammys, tenía calidad. Sobre todo, con canciones como ‘Love is a losing game’. Pero tampoco se le puede colocar el “cartel” de obra maestra.

Pero Amy escribió y marcó el estilo de vida que promulgaba James Dean, que murió a los 24 años, con la frase filosófica de: “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cádaver”. En el caso de Amy Winehouse se cumplió a rajatabla.

Prefiero recordar como epílogo lo que contaba su guardaespaldas Andrew Morris. En la noche del jueves, antes de morir el sábado, Andrew descubrió a Amy con su ordenador, recreándose en sus propios videos, propagados en You Tube. Amy se dio cuenta y le dijo al guardaespaldas: “Chico, sé cantar”. Era su auténtica pasión.

Las Aventuras de JR

(Tomado de El Mundo)