El último viaje del Rey Lagarto

Publicado en Música el jueves 8, diciembre, 2016

Por Julián Ruíz

La última vez que leí algo sobre la visita, muy poco conocida, de Jim Morrison a la Alhambra de Granada fue en un despacho de la agencia Efe de hace seis años en la que Rafael Cuéllar, uno de los asiduos a un local de copas y de cultura anglosajona llamado Zíngara, contaba cómo conoció a Jim Morrison, en aquella cueva del barrio de Sacromonte.

Cuéllar dice que Jim Morrison llevaba una poblada barba y que pidió whisky. Como no había en el local, el propio Cuéllar asegura que fue a buscar una botella. Jim Morrison y Pamela, su pálida y frágil pareja, se habían instalado en casa de unos australianos. Estábamos a mediados del mes de abril de 1971, a menos de tres meses de la muerte de Morrison en París. La muerte de Ray Manzarek ha vuelto a desenterrar el maravilloso cadáver exquisito del Rey Lagarto, campeón del famoso y trágico Club de los 27 años: Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain, y, últimamente, Amy Winehouse. Todos muertos con la misma edad.

Jim Morrison llegó el 11 de marzo de 1971 a París, donde le esperaba Pamela. En un mes, Morrison bajó su dosis de alcohol, aunque le duró poco: en abril, el cantante ya estaba otra vez borracho a todas horas. Pamela lo obligó a visitar el Hospital Americano de Neully. Allí le hicieron un rápido examen médico, con rayos X incluidos. Le dijeron que tenía muy mal los pulmones por el consumo de cigarrillos Marlboro. Se llegaba a fumar hasta tres cajetillas diarias. Le aconsejaron que dejara de fumar y beber inmediatamente y que se marchara a un lugar más cálido para poder mejorar.

Jim Morrison aprovechó el consejo del doctor para poder cumplir sus viejos sueños. Visitar Madrid, Granada y Tánger. ¿Por qué? Porque de esta manera cumplía sus obsesiones artísticas y literarias. El Bosco en Madrid, Washington Irving en Granada y Paul Bowles en Tánger. Pamela quería otro exilio como el de los Rolling Stones en la Costa Azul, donde había drogas. Pero Jim sólo quería ir hacia España.

El 10 de abril de 1971, el cantante de los Doors alquiló un Peugeut Sedán. Con Pamela, tomó la carretera hacia el sur. En Toulouse pasaron la primera noche. Jim quería disfrutar la arquitectura de los edificios coloreados de rosa de la ciudad francesa. Al día siguiente cruzaron la frontera con España por Andorra y durmieron en Barcelona. Un día después, el 14 de abril llegaron a Madrid. Jim había escrito poemas y había descrito en distintas ocasiones las sensaciones que le provocaba un cuadro tríptico increíble de Hyeronimus Bosch, El Bosco. Pamela contó la anécdota de que Morrison se clavó más de una hora, como hipnotizado, frente a El jardín de las delicias, en el Museo del Prado. La obsesión del cantante por el primer pintor psicodélico de la historia está filmada por la propia Pamela en la cámara de Super-8 que se había traído Jim de Los Ángeles. Jim y Pamela llegaron el 16 de abril a Granada. Por supuesto, querían conocer las estancias donde Washington Irving había escrito sus Cuentos de la Alhambra, un libro que siempre fue una ensoñación para el cantante de los Doors. Le gustaban los misterios y el deslumbrante mundo nazarí del siglo XV. Morrison visitó durante tres días la Alhambra. Pamela dice que Jim escribió una bella poesía sentado en uno de los bancos de los jardines del Generalife. Puede que su recuerdo no sea cierto o que, simplemente, el poema se haya perdido.

La última postal de Morrison desde Marruecos.

La última postal de Morrison desde Marruecos.

 

La visita de Morrison a la Alhambra quedó inmortalizada en la dichosa película de Super-8. Jim aparece delante de los leones, los famosos leones del Patio de la Alhambra. En la cinta se ve al cantante con el fondo de la fuente, y los brazos estrechados en su pecho y una sonrisa. Se acerca lentamente hacia el objetivo de la cámara. Pamela contó meses más tarde que esta película fue la que se puso Jim en la noche de su muerte, mientras escuchaba el tema ‘The end’ de los Doors. Tras cuatro días, la pareja se dirigió hasta Gibraltar. Allí, tuvieron que ‘soltar’ el Peugeot, porque el seguro no les cubría su estancia en Marruecos. Al llegar a Tánger se hospedaron en el famoso hotel Minzeh, donde se sentaba todas las tardes Paul Bowles. Pero habían sido invitados por Paul y Talitha Getty, en su palacio invernal.

Paul Getty era el primogénito del fundador de la Getty Oil. Talitha había sido una impresionante actriz holandesa. Era guapísima. Naturalmente, los Getty eran amigos del depravado, enfermo sexual y miserable Conde Jean de Breteuil, un millonario francés que había heredado el imperio de todos los periódicos del Norte de África que se escribían en francés. El conde Breteuil era amante también de Pamela y el que surtía a las dos parejas de heroína. Talitha murió también de una sobredosis de heroína, en Roma, un año después de Jim. Pamela también recuerda que, en el viejo mercado, Jim compró una versión francesa de ‘El cielo protector’ de Paul Bowles en la librería Colonnes de la avenida Pasteur de Tánger. Jim estaba obsesionado con la relación entre Paul Bowles y su esposa Jane.

Jim y Pamela tomaron un avión para viajar a Marrakech, que estaba de moda por el tema de éxito de Crosby, Stills and Nash. Allí, se hospedaron en la Ville Taylor, la mansión que el conde de Breuteuil y su madre poseían a las afueras de la ciudad. El 3 de mayo de 1971, justo dos meses antes de su muerte, Jim y Pamela tomaron un avión de Marrakech a Casablanca y de ahí, a París. En dirección a su final. Jim Morrison se había afeitado una noche en que se bañó a la luz de la luna en el hotel Marrakech, el único en que tenía piscina en aquellos días. Oficialmente, Jim Morrison murió durante las primeras horas del 3 de julio por “causas naturales“, según el certificado médico de un doctor corrupto. No lo creo, igual que no lo creen muchos de sus biógrafos y estudiosos del último mes de vida del cantante en París. Antes de morir, también víctima de otra sobredosis de heroína, la nociva Pamela contó cuatro o cinco versiones diferentes de cómo fue la muerte de su compañero. La única versión que me creo es la de mi amigo Herve Muller, de la revista francesa ‘Rock & Folk’, que se hizo asiduo de Morrison por haberle salvado un día en que lo encontró totalmente borracho el club Rock and Roll Circus: lo metió en un taxi y se lo llevó a su casa.

Herve siempre me dijo que Jim murió, sí, en un baño, pero el baño de la discoteca Rock and Roll Circus, víctima de una dosis adulterada de heroína, proporcionado por uno de los traficantes del conde Breteuil, su proveedor oficial. Herve cuenta que llevaron el cadáver de Jim a la media noche del 2 de julio y nadie sabe cómo lo metieron en la famosa bañera de su apartamento de la calle Beautreillis.

Pamela se inventó después lo de una película, los discos de los Doors y hasta que un vecino había visto desnudo a Jim por las escaleras del edificio. Según Herve, el conde Breauteuil lo organizó todo. Sobornó al doctor, al que escribió el acta de defunción y logró que, para cuando llegó la policía, todo estuviera arreglado. No hubo autopsia. Incluso se calló Marianne Faithfull, que estaba allí, porque era la amante del conde en esos momentos. Jamás me contó Marianne Faithfull nada de aquella noche, a pesar de que se lo pedí en varias ocasiones. Es posible que, como decía un compañero, sea mejor no haber comprendido a Friedrich Nietzsche. Morrison se convirtió en el ‘Rey Lagarto’ y Nietzsche en Zaratrustra, el profeta de Mazda. Jim, como Nietzsche, sostuvo en alto una vela en uno de los lugares oscuros de su alma. Luego, pronto, la vela se apagó.

poema-jim