A un año del caso Tanhuato, sigue sin configurarse la acusación de ejecuciones extrajudiciales

Publicado en Nacional el Martes 24, Mayo, 2016

Ciudad de México, a 24 de mayo de 2016.- A un año del operativo de la Policía Federal en un rancho en Tanhuato, Michoacán, que suscitó un enfrentamiento que dejó 42 presuntos integrantes del “Cártel Jalisco Nueva Generación” y un policía federal muertos, no hay ninguna prueba testimonial que demuestre que en ese lugar se realizaron ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad.

Debido al número de caídos que dejó el enfrentamiento, hubo sospechas de que pudo ser una venganza por los ataques anteriores del cártel contra las fuerzas de seguridad.

Cabe recordar que semanas anteriores al enfrentamiento en el rancho El Sol se produjeron ataques del grupo criminal contra las fuerzas federales, el 1 de mayo sicarios de este grupo derribaron con un misil a un helicóptero militar con 18 elementos a bordo.

El 9 de marzo decenas de sicarios emboscaron en Ocotlán un convoy de la Policía Federal dejando cinco elementos muertos. Se presume que en el rancho El Sol llegaron a estar concentrados 700 elementos de esa organización criminal para recibir adiestramiento de instructores pakistaníes y de ex integrantes de fuerzas de seguridad.

En ese rancho recibieron tres de los cuatro hermanos Guerrero Covarrubias, quienes eran los principales operadores del cártel. Así quedó asentado en la declaración ministerial de Ramón Alejandro Macías, un halcón y distribuidor de droga del “Cártel Jalisco Nueva Generación”; declaró que empezó a trabajar con el cártel cuando estaba en la cárcel detenido por robo calificado.

Uno de los principales operadores del cártel Jalisco, jefe de la plaza de Ocotlán, junto con sus hermanos; Ramón relata que cada uno de los hermanos tiene por lo menos 200 escoltas y sicarios, que cuando viajan traen consigo entre 15 y 20 camionetas, que todos cuentan con armas largas.

También cuenta lo de Tanhuato. Señala que el 19 de marzo de 2015 todo cambió porque ese día el grupo armado del más chico de los patrones: Leonardo Guerrero Covarrubias se enfrentó a balazos con elementos de la Gendarmería; después de ese día los jefes se desterraron de Ocotlán y él ya no trabajo.

Veintidós días después de esa balacera continúa la declaración ministerial de Ramón, un sujeto que está debajo de Alonso Guerrero Covarrubias; lo fue a buscar a su casa y le dijo que los jefes estaban ordenando que se fueran los halcones a donde se estaban escondiendo ellos: al rancho El Sol.

Cuando llegaron al rancho estaban tres de los hermanos: Alonso, Javier y David con sus elementos de seguridad. A Ramón lo colocaron en el Cerro de las Antenas -en el lugar hay unas antenas de la Comisión Federal de Electricidad-. Dice que el 22 de mayo, día del enfrentamiento con las autoridades federales en ese rancho él ya no estaba como halcón porque días antes vio un helicóptero que estaba seguro: era de la Marina.

Dice que para ese entonces ya se habían ido los hermanos Alonso y Javier con toda su gente, incluyendo sus vendedores y halcones; se quedaron entonces unos cien sicarios al mando de David Covarrubias, que fueron los que se enfrentaron contra elementos de la Policía Federal, que eran apoyados por un helicóptero Black Hawk, el cual recibió tres disparos durante la confrontación.

La hipótesis de la supuesta venganza por parte de las fuerzas de seguridad contra la banda criminal queda sin fundamento, de acuerdo con los estudios forenses; según los cuales, 40 de los 42 agresores murieron con heridas de arma de fuego, ningún disparo fue realizado de cerca.

Las necropsias revelaron que las heridas de las víctimas se distribuyen en distintas partes del cuerpo, por lo que no hay pauta alguna que pudiera indicar actos de ejecución. En ese sentido 41 de los 42 agresores muertos dieron positivo en las pruebas de rodizonato de sodio.

Imágenes posteriores mostraron que algunos cuerpos fueron movidos antes de realizar los trabajos periciales, sin embargo las indagatorias señalan que esto se hizo para corroborar sus signos vitales.

En tanto el halcón Ramón dio a conocer algo que las autoridades no sabían. Dentro del grupo delictivo hay varios sujetos que entrenan a los sicarios, siendo el jefe un tipo al que le dicen “El Paquistaní”, a quien describe que es de Pakistán.

Agrega que estaban reclutando gente en Sonora, Nayarit, Jalisco y Sinaloa, para matar a los del Ejército y a los federales. Lo que sucedió en Tanhuato fue un enfrentamiento contra un centenar de sicarios del crimen organizado que fueron sorprendidos por las fuerzas de seguridad, pero no un acto de ejecuciones extrajudiciales.