Columna Radio pasillo / Guillermo Violencia

Publicado en Perspectiva el Lunes 18, Abril, 2016

Por Julián Ruíz

En mayo del 2013, José Manuel Mireles Valverde al frente de su grupo de autodefensas tomó las instalaciones del Palacio municipal de Tepalcatepec, el cual había sido abandonado a su suerte por su alcalde, el priísta Guillermo Valencia Reyes. La acusación que pesaba sobre el entonces munícipe, -y que luego fue ratificada por fuerzas federales- es que Valencia Reyes había participado los encuentros ha llegó a tener Jesús Reyna García con Servando Gómez Martínez La Tuta.

Desde su arribo en el 2012 como alcalde de su natal Tepalcatepec, las versiones de los pobladores que se sumaron a las autodefensas, eran de que “Memo llegó gracias al Toro” (Jesús Vázquez Macías, terrateniente de los Caballeros Templarios en la región).

Investigaciones periodísticas publicadas posterior a su expulsión de la presidencia, dan cuenta que Valencia Reyes desviaba el erario público municipal recursos a empresas fantasma para obras que nunca han sido construidas; otorgaba recursos a terceros con fines no especificados y pagaba de la nómina de “amigas”, esposas o mujeres de miembros del Cártel de Los Caballeros Templarios, de acuerdo con denuncias documentadas en expedientes oficiales.

El expediente de la Secretaría de Finanzas del Ayuntamiento de Tepalcatepec, del periodo que comprende los primeros cinco meses (de mayo a septiembre) del año 2012, donde se muestra una relación de transferencias de recursos económicos poco claras. Algunos nombres que se encuentran en el documento fueron identificados por los trabajadores del Ayuntamiento y miembros de las guardias comunitarias como compadres, parientes, “aviadores” y gente vinculada al crimen organizado que opera en la región.

Entre los “compadres” y “comadres” a los que benefició la amigable cartera de Guillermo Valencia, -destaca la investigación de Sin Embargo.mx (http://www.sinembargo.mx/13-03-2014/925474)- se refiere el pago mensual a por lo menos 15 personas, sueldos que van desde los tres mil 500 hasta los 12 mil pesos. De estos, tres están plenamente identificadas por autodefensas como “amigas” o “familiares” de Los Caballeros Templarios.

Asimismo, el que se autonombra ahora como “líder social”, en los primeros días de su mandato, agarró la parranda y entre las cosas, tomó una decisión insólita construirle un monumento a Juanito, una persona identificada como el más alcohólico del pueblo. Por ello, en homenaje a este “procer”, el entonces alcalde ordenó la construcción de una efigie caracterizada por el susodicho Juanito en la principal glorieta del pueblo, en la cual colocaron una leyenda que decía: “Si dejo de beber me muero”.

Una vez en el exilio político, Valencia luchó por limpiar su imagen y tratarse de desvincular de sus antiguos y malogrados amigos templarios, a fin de evitar el anatema social. Por ello optó por radicar en Morelia, y desde allí lanzar su cruzada personal en contra del ex comisionado Alfredo Castillo.

Desde entonces -con el cinismo característico de los priístas- se autonombró como “autodefensa”, se defendió legalmente y se cobijó en algunos grupos de su partido, en particular el de su líder político, Jesús Reyna García, quien está preso por delincuencia organizada.

Una vez que las puertas de su partido se le fueron cerrando, Guillermo Valencia se reinventó el “líder social” y se resguardó en las redes sociales, desde donde ha protagonizado luchas virulentas contra los que considera sus “enemigos”.

En los últimos meses, una vez que el grupo en el poder en el PRI desechó su proyecto rumbo a la dirigencia estatal, ha exaltado sus posturas y posiciones que rayan en la violencia.

Por ejemplo, en la última semana, a raíz de los bloqueos protagonizados por integrantes de la delincuencia organizada -los mismos que sucedieron en la época del PRI- Guillermo Valencia exhibió lo peor de su ser político. Festejaba los bloqueos y participaba de lleno en la generación de psicosis, asumiendo el papel de un agitador. Tal vez hacía su trabajo, es decir, cumplía al pie la orden de sus “compadres” de atizar el terror generado por el crimen. En esto último no ha cambiado un ápice.