Donald Trump, el Eric Cartman de la política

Publicado en Perspectiva el lunes 8, agosto, 2016

“¡Solo hay tres sospechosos: Kyle por judío, Token por negro y Kenny por pobre!”
Eric Cartman de South Park.

Retrógrado, da. Del lat. retrogrădus. adj. Despect.: Dicho de una persona: Partidaria de instituciones políticas o sociales propias de tiempos pasados, o contraria a innovaciones o cambios. Diccionario de la Real Academia de la lengua española

Por Wolfgang Gil

Ya para Platón era importante la correspondencia que debería existir entre el desarrollo mental de los individuos y el lugar que deberían ocupar en el gobierno de la ciudad. Inspirado en las investigaciones de Piaget, Gebster y Graves, Ken Wilber propone un modelo que podemos resumir en tres grandes niveles: pre-moderno, moderno y posmoderno. Actualmente la conciencia mundial se halla en la transición entre moderno y posmoderno.

El modelo Wilber es muy útil para determinar los niveles de evolución psicológica en casos como el del brexit en el Reino Unido, o en la ascendencia del Tea Party sobre el destino del Partido Republicano norteamericano. El mismo Platón proponía en la República que los hombres racionales debían tener preeminencia para gobernar y advertía sobre la tentación que podía sufrir la democracia de convertirse en demagogia, para luego pasar a la tiranía.

Todo esto se hace aún más preocupante en la perspectiva de las venideras elecciones presidenciales de los Estados Unidos. De cara a éstas, el candidato republicano, Donald Trump, ha logrado cautivar a buena parte del electorado (cuenta con una intención de voto de un 45%) a fuerza de prometer mano dura en la solución de los problemas, apelando a la nostalgia de la supremacía blanca.

El empresario de bienes raíces no se ahorra las señales de un temperamento poco maduro y en buena medida inestable, lo que ha disparado las alarmas en virtud de la posición estratégica que tiene su país en el contexto de la seguridad internacional. A esto pudiera agregarse que no luce preparado para los desafíos evolutivos que presenta el desarrollo del planeta.

¿Por qué Trump es éticamente disfuncional?

Para responder a esa pregunta, haremos referencia al discurso de Michelle Obama el primer día de la Convención Demócrata. La primera dama, en una alocución calificada de sobria pero, sobre todo, de inspiradora, no mencionó a Trump de manera directa. No obstante, hizo un retrato por oposición, tras elaborar una lista de las cualidades deseables en el líder que requiere su nación, las cuales distan de ser las que acompañan al candidato republicano. Hemos tomado varios de sus elementos, no por considerarlos portadores de una verdad absoluta, sino porque nos ayudan a articular mejor lo que siente una porción considerable de los observadores, los cuales estiman que la democracia es algo más que lucha por el poder.

“Les explicamos (a nuestras hijas) que cuando alguien es cruel o se comporta como un matón, uno no se rebaja a su nivel. Nuestro lema es que cuando ellos caen bajo, nosotros apuntamos alto”

El primer rasgo de este retrato es el carácter cruel del magnate. Sin decirlo, nos recuerda que el líder mediático comenzó su carrera política con la falsa acusación de que el primer presidente afroamericano no era estadounidense. Ofreció donar 5 millones de dólares a causas de caridad si Obama mostraba un certificado que probara haber nacido en Estados Unidos. El Presidente lo hizo.

Podríamos otorgar a Trump que en política se pueden utilizar distintas armas, pero eso no justifica que, por ejemplo, a finales del año pasado, se haya burlado de Serge Kovaleski, un periodista discapacitado del New York Times, por refutar su testimonio que aseguraba que miles de musulmanes en Nueva Jersey celebraron los ataques del 11 de septiembre contra las torres gemelas de Nueva York. O su reciente arremetida contra los padres de Humayun Khan, un soldado musulmán norteamericano, caído en combate en Irak en 2004.

Del mismo modo, declaró esto en su momento a propósito del fallecido hombre fuerte de Libia cuando visitó Estados Unidos:

“Tuve que lidiar con Gadafi. Le alquilé un pedazo de terreno. Me pagó más por una noche que lo que valía el terreno por dos años y luego no lo dejé usarlo. Eso es lo que deberíamos estar haciendo. No quiero emplear la palabra ‘joder’, pero yo lo jodí. Eso es lo que deberíamos estar haciendo”

Dice Michelle Obama: “Cuando tienes los códigos nucleares al alcance de la mano y las fuerzas armadas a tus órdenes, no puedes tomar decisiones apresuradas. No puedes tener la sensibilidad a flor de piel ni dar coces. Tienes que ser estable, comedido y estar bien informado”, con lo cual puntualiza que Trump carece de la prudencia necesaria para hacer frente a situaciones internacionales, en las que no se debe reaccionar de manera impulsiva, sino responder con conciencia de la complejidad.

Por su parte, los seguidores de Trump ven en él a alguien con ideas claras sobre los problemas, dispuesto a emprender acciones directas. Pero diera la impresión de que el presentador de The Apprentice no tomara en cuenta las consecuencias de sus frases y acciones. Un ejemplo de esto es su declaración sobre Arabia Saudita:“La razón principal por la que estamos con Arabia Saudí es porque necesitamos petróleo. Ahora, no necesitamos tanto el petróleo (…) ellos deberían pagarnos. Sin el respaldo de EE. UU., no existirían”. O la que acuñara sobre China y el calentamiento global: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva”.

“Quiero un presidente con un expediente de servicio público, alguien cuyo trabajo muestre a nuestros hijos que no perseguimos la apariencia o el dinero, sino que luchamos por dar a todo el mundo la oportunidad de salir adelante”

En su historial, Trump no ha mostrado vocación por el servicio público. Dedicó su vida a amasar una gran fortuna y a hacer ostentación de ella. Y aunque se ha mostrado más condescendiente que algunos republicanos en cuanto a temas sociales, dado que no piensa eliminar la asistencia médica gratuita promovida por la actual administración, nunca ha expresado mayor compromiso social.

“Quiero a un presidente que muestre a nuestros hijos que todos importan en este país, un presidente que de verdad crea en la visión que nuestros fundadores tuvieron hace tantos años de que todos somos iguales, que cada uno de nosotros es una pieza amada de la gran historia de Estados Unidos”

Michelle Obama parece referir que el adversario de Hillary Clinton no cree en la igualdad que proclama el espíritu de la constitución de los Estados Unidos. Trump sostiene que hay que alzar “un gran muro” en la frontera entre Estados Unidos y México, el cual debería ser sufragado por los vecinos del sur, al tiempo que declara que “México no es nuestro amigo”. “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, crimen, a los violadores. Asumo que hay algunos que son buenos”.

Al final, la señora Obama sugiere que Trump es obcecado y retardatario, y aborda el tema desde el contexto evolutivo, mencionando parte de los momentos oscuros de la historia de ese país, el cual pasó por la vergüenza de la esclavitud y luego de la segregación; no obstante, fue capaz de colocar a un afroamericano en el más relevante puesto de liderazgo político. Todo parece indicar que aún hace falta dar un paso más hacia la diversidad y la integración en ese país. Un paso que Trump no está en disposición de acometer.

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¿Por qué Silicon Valley odia a Trump?

Donald Trump parece no entender mucho acerca de la era de la información y el conocimiento. El pasado jueves 14 de julio, la ex-vicepresidente de medios globales de Twitter, Katie Jacobs Stanton, publicó una Carta abierta de los líderes de la tecnología del sector sobre la candidatura de Donald Trump para presidente. En ella censura los rasgos de la personalidad política de Trump, los cuales entran en contradicción con el espíritu de integración e innovación que exige la sociedad de la información y el conocimiento.

 “Creemos en un país inclusivo que fomente la oportunidad, la creatividad y la igualdad de condiciones. Donald Trump no lo hace. Él hace campaña con ira, intolerancia y miedo a las nuevas ideas y a las nuevas personas, y la creencia fundamental de que Estados Unidos está débil y en declive. Hemos escuchado a Donald Trump en el último año y llegado a la siguiente conclusión: Trump sería un desastre para la innovación. Su visión se opone al intercambio abierto de ideas, la libre circulación de las personas y el compromiso productivo con el mundo exterior que es crítico para nuestra economía – y que constituye la base de la innovación y el crecimiento”

El ambiente cultural de Silicon Valley es muy propio de la Tercera Ola de la que hablaba Alvin Toffler. Es una cultura de apertura hacia la novedad y la experimentación, tanto en lo tecnológico como en lo social. Es heredera de la contracultura de los años sesenta. La ira de Trump, su intolerancia, así como el miedo a lo nuevo, son hostiles a la ubicuidad que nos ha traído el ciberespacio. La conclusión de la carta es: ‘Trump sería un desastre para la innovación’.

El texto fue firmado por cerca de 150 personas, todas ellas prominentes figuras en la industria de la tecnología, con muchos nombres muy conocidos: entre ellos, fundadores y altos ejecutivos de Apple, Facebook, Twitter, Instagram, Samsung, Yelp, Slack, Reddit y Wikipedia, entre otros.

Esta actitud no sorprende a quienes están familiarizados con la política de la industria tecnológica. En las dos últimas elecciones presidenciales, Silicon Valley apoyó ampliamente a Barack Obama, el candidato que encarnaba el espíritu de la iniciativa, así como los valores liberales y tecnológicos que prevalecen en el sector de internet. Esta vez es diferente. No se trata de apoyar a Hillary Clinton, quien es considerada como una figura más conservadora que Obama, se trata de detener Trump.

En esa lista de rechazo al magnate hay, por supuesto, excepciones: en ella destaca Peter Thiel, cofundador de Paypal y primer inversionista de Facebook. Thiel ha apoyado abiertamente al candidato republicano. Ambos coinciden en un rechazo al multiculturalismo y a la corrección política. En la reciente Convención Republicana, Thiel dio la bienvenida a la elección del recién llegado a la política, mientras que muchos de los críticos de Trump se han horrorizado por sus tendencias autoritarias. Thiel ha argumentado que en realidad la libertad y la democracia son incompatibles.

¿Se impondrá la línea contraria a la integración?

Algunos podrían decir que es muy tendencioso el fatídico retrato que se forja de Trump. A su favor se puede alegar que posee la determinación para hacer más seguro el mundo contra el terrorismo y el crimen organizado. Que su experiencia y conocimiento de los negocios puede ayudar a mejorar la economía americana. Nuestra apuesta interpretativa apunta a que su nivel de desarrollo de la conciencia sólo le permite atacar los síntomas, pero no las causas de esos problemas, lo cual solo empeora la situación.

Del retrato por contraste que emerge del discurso de Michelle Obama, Trump aparece como una versión adulta de Eric Cartman, el niño canalla de la serie animada South Park. Cartman es un chico malcriado, egoísta, narcisista, temperamental, desleal, extremista, xenófobo, racista, chovinista, psicótico, sociópata, antisemita, agresivo y burlón. Mucho del éxito del programa El Aprendiz, se debió a la forma desconsiderada y disfuncional con la que Trump trataba a los concursantes. No hay nada en la imagen de Trump que proyecte los valores que movieron a Abraham Lincoln, por ejemplo, un republicano que luchó con intensidad por la abolición de la esclavitud y por la igualdad de todos los seres humanos.

De la carta abierta de Silicon Valley emerge un perfil que parece corresponder a lo más negativo de la época industrial (la Segunda Ola), o de la época agraria (la Primera Ola). En este aspecto Trump recuerda mucho al señor Montgomery Burns de Los Simpsons. Burns es un magnate explotador, codicioso y egoísta, más amante del pasado que del porvenir.

El candidato hizo su dinero en bienes raíces al proseguir con la firma familiar Elizabeth Trump & Son y piensa en términos de tenencia de la tierra. Por eso fantasea con levantar muros para los problemas de un mundo deslocalizado por el ciberespacio. Todavía le cuesta pensar como industrial y mucho menos como post-industrial, es decir, en el mundo de la sociedad del conocimiento (Tercera Ola). No comprende el espíritu de los chicos que comenzaron a construir computadores en los garajes de sus casas, quienes tenían la visión de cambiar al mundo y lo hicieron.

Es evidente su tono retrógrado en cuanto a los derechos civiles. También en lo referente a la cultura y las políticas indispensables para el desarrollo tecnológico. De su credo están excluidos los verbos trascender e integrar. Según Arthur Koestler y Ken Wilber, evolucionar implica justo eso, trascender e integrar. Y sostienen que reprimir el próximo paso en el desarrollo humano, así como fomentar la desintegración, conduce al caos y a la involución.

¿Hay solución en cuanto a que gobiernen individuos de bajo nivel evolutivo? Está por verse. Primero, habría que generar un nivel superior de pensamiento, pasar a otro grado de conciencia. Einstein decía: “Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia que lo creó”. Segundo, hay que persuadir a la sociedad de la importancia de la evolución cognitiva, pues de no ser así, tendría razón Platón cuando afirma que uno de los peores castigos por rehusarte a participar en política, es que terminarás siendo gobernado por hombres inferiores a ti.