Inmigrantes nos cuentan qué es lo que más les ha sorprendido de la cultura mexicana

Publicado en Perspectiva el domingo 5, marzo, 2017

¿Por qué la gente camina con sus teléfonos en la calle y no los asaltan? ¿Por qué me sirven tortillas y nachos en los restaurantes como acompañantes si lo que voy a comer es un pollo asado?

En Venezuela, mi país de origen, es una utopía caminar por las calles y andar texteando o escuchando música en tu teléfono. La inseguridad está bien cabrona y esto es algo que no se puede hacer, a menos que quieras tener a un delincuente apuntándote con una pistola para robártelo.

Estas cosas siempre están en mi cerebro cada vez que camino la calle o me siento en algún restaurant a comer.

Llegué hace 3 semanas a Ciudad de México, y una de las primeras cosas que me hizo sentirme de verdad fuera de mi país, fue ver cómo las mujeres sufren un acoso bien cabrón en las calles. Algunas amigas que he hecho, me cuentan que dependiendo del lugar a donde vayan o por la calle que tengan que pasar, se visten más conservadoras que de costumbre. Incluso una de ellas me llegó a decir que ya no usaba faldas por lo que le gritaban diariamente al caminar por una avenida que tiene que pasar antes de ir al trabajo.

Del picante no voy a hablar, ya que deberían de hacer un artículo aparte sobre la resistencia y relación que tienen mis hermanos mexicanos —los amo y admiro— con él. Es como si estuviese impregnado en su cuerpo, en la sangre, o lo toman todos los días antes de dormir para así poder acostumbrarse y no sentir como el chile te quema, destroza o asesina el paladar y lengua.

Dejar tu país, casa de tus padres, y tus queridas costumbres es una experiencia que en la mayoría de los casos termina haciéndote madurar y crecer como ser humano. Aprendes a respetar otras culturas y tradiciones, conoces gente nueva y como consecuencia, te conviertes en una persona más interesante para tus matches de Tinder (jugar la carta de ser extranjero siempre funciona, amigos).

Valoras todas las comodidades que tenías en casa, ya que al llegar a otro país probablemente no tengas todas estas facilidades.

Platicamos con algunos inmigrantes en la Ciudad de México para saber qué es lo que más les ha impresionado culturalmente de México.

Israel, Venezuela, 30 años

Todavía no me acostumbro a desayunar chilaquiles, para mí esa deliciosa comida es como almuerzo o cena. Las mujeres rizándose las pestañas en el metro o autobús es algo que aún no puedo creer, las admiro mucho. Yo me sacaría un ojo en el intento, quizás ya tendría un parche pirata a estas alturas.

Siempre me confundo con lo del saludo a los hombres: es un apretón de manos, luego un abrazo y después otro apretón de manos. Nunca sé cómo darlo y casi siempre termino a punto de darles un beso. Me hago bolas.

No hay papeleras o cestas de basura en la ciudad. Si me estoy tomando un refresco o un café, tengo que guardarlo en mi bolso ya que nunca encuentro algún lugar dónde botarlo, y por esto, admiro muchísimo a las personas que trabajan limpiando las calles, ya que casi sin papeleras mantienen la ciudad muy limpia.

La Ciudad de México es muy verde, siempre te venden la idea de la contaminación en México y, antes de venir, te haces la imagen de que es una selva de concreto, un gigante gris. Pero cuando llegas, te das cuenta que la ciudad es muy verde y llena de árboles.

Anastasia, 25, Estados Unidos

Acá cometen un crimen culinario por el cual deberían de sentenciarlos a diez años sin comer rico: ¡se comen la pizza con ketchup! Eso está penado en la ley en mi país, es algo que nunca podré entender. Son dos cosas que no están hechas para juntarse y, cada vez que voy a una pizzería o pido delivery, me llenan la caja de pizza con bolsitas de ketchup.

También hay otra cosa que no entiendo, ¿acaso a los mexicanos desde pequeños les daban comida picante? Admiro la capacidad que tienen para comer cualquier cosa que sea picante y no morir en el intento.

Sus estómagos creo que son de otro planeta, en mi caso cuando probé mi primer taco con chile, lloré del ardor que sentía en el paladar y lengua, incluso el mesero tuvo que traerme mucha agua para poder aguantar. Sentía que de verdad tenía fuego en la boca, es algo que siempre cuento a mis amigos. Al final del día esa salsa spicy del Taco Bell de Miami, no es nada picante comparado con las que pruebas acá.

Manuel, Chile, 24 años

Nunca pensé que podía disfrutar tanto la comida típica de algún país, es algo impresionante, aún no he probado un plato de comida que no me guste. Eso sí, si no te cuidas, fácilmente aumentas de peso, todo es muy sabroso y lleno de calorías extras.

Hay algo que siempre le cuento a mis amigos ya que en mi país es absurdamente caro: el costo de un viaje en el metro. En Santiago cuesta 1 dólar por viaje, aquí son como 6 pesos y es algo que la verdad me ha ayudado bastante.

Al llegar al DF también me sorprendió mucho ver lo educada que era la gente, cualquier persona que veas en la calle siempre te va a dar los buenos días, buenas noches y eso. Así sea el señor que te vende la prensa, o alguna persona que esté en traje y corbata yendo camino a su empresa.

Claudia, Argentina, 23 años

El día que llegué a México vi una protesta de mujeres bailando desnudas en la calle y dos cuadras más adelante, estaban como unos chamanes vestidos de aztecas haciéndole ”la limpia” a una señora. La limpia consiste en limpiar tu aura e impurezas mediante algo parecido a un ritual, y todo esto sucedió en medio de la calle a las dos de la tarde. Me sentí parte del guión de alguna película bien rara.

Otra cosa: la gente sí va al museo, en Argentina ya los museos quedaron para gente mayor que va con sus nietos en un buen día. Acá es cultura asistir, siempre están llenos y ves a todo tipo de personas, creo que es una de mis cosas favoritas. La cultura en México sí es importante y se preserva, por eso creo que han mantenido la identidad a lo largo de estos años.

Mario, Colombia, 27 años.

Legué a México una semana antes de que Donald Trump ganara las elecciones, entonces sentí la incertidumbre en la ciudad de una manera bastante peculiar. Recuerdo que el día después de las elecciones, en la ciudad se sentía un luto impresionante. Las calles vacías y el aire que se respiraba era de desesperanza o algo así.

Afortunadamente ya pasó el despecho y todo volvió a la normalidad. México es un país muy feliz y cálido, ya había venido antes y esa calidez fue una de las razones con más peso para yo terminar viniéndome a vivir al DF.

También me parece gracioso que se toman muy en serio la hora de la comida, en Colombia comes lo más rápido posible y vuelves a trabajar. Acá a veces la hora de la comida se convierte en hora y media o dos, es gracioso.

Iván, España, 30 años.

La comida y los taxis son absurdamente baratos, y desde que trabajo aquí es lo que más disfruto. No uso transporte público ni cocino en casa, me sale muy económico usar algún Uber o comer en restaurantes. En Barcelona, un taxi del aeropuerto a mi casa me salía en mínimo 40 euros, acá del aeropuerto a mi depa gasté no más de 6 euros. Cada vez que tomo un taxi veo la cuenta y son distancias que me terminan costando 2 o 4 euros.

La diferencia con los restaurantes de Barcelona es descomunal, en precio y en calidad. Acá voy a un restaurante de lujo a comer y me gasto unos 300 pesos, mientras que en Barcelona ir a uno normal no bajaba de 30 euros.

Cuando llegué estaba un poco paranoico por la inseguridad, me habían dicho que no era tan seguro, pero vivo en una zona bastante transitada, así que era más la mala prensa que la realidad. También he tenido suerte de que me han tratado muy bien, la gente al saber que soy catalán me ayuda mucho, acá tratan al inmigrante con buena onda, cosa que en casa no es así. Es algo que quisiera cambiar de Barcelona, pero no lo veo tan fácil.

 

[Vía Vice]