¿Quiénes son los ‘rednecks’ que votaron por Trump?

Publicado en Perspectiva el miércoles 9, noviembre, 2016

Por Alex Maldonado

En el mapa electoral norteamericano, Donald Trump era visto como un empresario excéntrico, un hombre de negocios que se había hecho a una reputación de mano dura en la pantalla chica, con apariciones en el reality “El Aprendiz” y críticas fuertes a la clase política.

Pocos lo tomaban en serio, pero él decidió ser precandidato republicano en 2015 y desde entonces basó su estrategia en la aparición mediática que, sin embargo, no resaltaba sus propuestas. Su primer gran escándalo ocurrió en junio de 2015, cuando el magnate lanzó unas declaraciones incendiarias:

“Cuando México envía a su gente, no envía lo mejor, no los envía a ustedes. Están enviando gente con montones de problemas. Están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores y algunos asumo que son buenas personas, pero yo hablo con guardias fronterizos y eso tiene sentido común”, dijo.

 

Donald Trump

 

Ese momento marcó el ritmo de su campaña, que desde entonces se centró en propuestas simples y agresivas que calaron en el sector más conservador de Estados Unidos.

Juan David Escobar Valencia, docente de geopolítica de la Universidad Eafit, aseguró que la clave del triunfo de Trump estuvo, precisamente, en la simpleza de su lenguaje.

“Él es un vendedor. Sabe lo que la gente quiere oír y eso dice. Por eso su campaña tiene 3 o 4 puntos sin mucha complejidad. Algo fácil de entender para el redneck (hombre blanco residentes en el interior del país)”, dijo.

“Trump se presentó como un “outsider”, alguien reconocido por su éxito empresarial que impactó porque habló directamente de temas que no se han tratado de manera clara, como la inmigración”, dijo y agregó que sus posiciones radicales terminaron teniendo más impacto que su vida que para muchos es cuestionable.

 

¿Qué o quiénes son los ‘rednecks’?

 

“Huelen a cenicero cuando te los encuentras en el supermercado, se comen una caja de galletas ‘Little Debbies’ mientras estiran las piernas y ofrecen alabanzas al Señor por una camioneta sin neumáticos de recambio”… Hasta aquí, la definición del perfecto ‘redneck’ firmada por el incorregible Joe Bageant en ‘Crónicas de la América Profunda’.

Aunque si hacemos caso al Simon and Schuster, los ‘rednecks’ (literalmente, ‘cuellos rojos’) son ni más ni menos que los “blancos incultos de las áreas rurales en los estados del sur”. O, por así decirlo, “los americanos que se aferran Dios y a la pistolas” (parafrasenado al propio Obama).

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Un redneck es un ciudadano sencillo, sin grandes aspiraciones en la vida, sin demasiado nivel académico (quizá llegó a la preparatoria), conforme con sus limitados confines intelectuales, que trabaja en un restaurante, una fábrica o en cualquier otro empleo de baja categoría y mal remunerado, pero que, a pesar de todo, es dichoso por el simple hecho de poder adquirir un automóvil a crédito. El problema radica en que este perfil social se está convirtiendo en el mayoritario, y es el que está gobernando el país. Un individuo que se regodea en su estulticia como el gorrino en su mierda.

“Los ‘rednecks’ se distinguen por su amor a nuestro país y por el respeto a los valores americanos”, asegura el presidente de los cuellos rojos, Rob Clayton, que niega cualquier vínculo con el Tea Party, aunque no oculta su intención de crear un comité de acción política.

Aun así, su misión es más bien económica, convencido de la tremenda fuerza de los ‘rednecks’ (de 45 a 80 millones de norteamericanos) a la hora de ‘votar’ con la cartera. Por 20 dólares al año, la credencial de un ‘redneck’ permite grandes descuentos en las grandes superficies como K-Mart, Target y Costco.

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Con el 10% del dinero de los miembros, Clayton aspira a crear la ‘Redneck Scholarship Fund’, para educar y dar empleo a las ‘juventudes rurales’, que hoy por hoy se debaten entre el paro y el Ejército.

Para pertenecer a la ‘American Redneck Society’, eso sí, hay que tener “sentido del país” y “sentido del humor”. Y superar un pequeño y sencillísimo test, consistente en responder ‘sí’ al menos a una de las fatídicas preguntas:

¿Te gustan las pistolas?

¿Conduces una camioneta ranchera?

¿Apoyas a nuestras tropas?

¿Te gusta la música ‘country’?

¿Eres capaz de arreglar cualquier cosa con cinta aislante?

 

Rob Clayton cumple con creces todos los requisitos, más la gorra de béisbol, los vaqueros, los tirantes y la pasión por las carreras de coches de NASCAR (otro gran aglutinante de los ‘rednecks’, además de la predilección por la cerveza Budweiser).

 

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Las reivindicaciones sociales de los cuellos rojos se orientaron abiertamente por Trump. Nos quedamos con una última cita de Joe Bageant, que disecciona con el mejor humor (negro) las profundas contradicciones de sus paisanos de Virginia, el espejo al que se mira la América profunda: “Para cuando los miembros de mi tribu llegamos a los sesenta, parecemos una pandilla de batracios hipertensos de rostro sonrojado, pillados por sorpresa en un concurso de toses y gargajos”.